viernes, 1 de abril de 2011

En este espacio incluiré textos de amigas y amigos que comparten conmigo el mismo amor, pasión y deslumbramiento por el fascinante mundo de las palabras.
A todos ellos, mi profundo agradecimiento por la valiosa colaboración que, sin duda, habrá de jerarquizar este blog.

Carlos María Gómez

Repetido Crepúsculo
                                                                 

De pie en la mañana contemplaba una vez más el sórdido espectáculo de la ciudad absolutamente despierta y en pleno proceso de contaminación expulsando gases y venenos diversos bajo un cielo que ni siquiera me tomé el trabajo de analizar en el sentido de levantar la mirada y demás demasiado esfuerzo en todo caso y aunque deba confesar que algo percibía referente al tenor de humedad en el ambiente y la temperatura sintiendo resbalar un sudor agrio sobre mi piel envejecida a causa de reiterar tareas que no me llevaban a ninguna parte como no fuese al borde mismo de la vereda donde me encuentro enfrentado a la confusa disyuntiva de cruzar la calle con el riesgo de desaparecer de inmediato volatilizado por así decirlo tratándose de una idea que no carecía totalmente de atractivos considerando la eventualidad de ser aplastado por algún pesado y rudimentario camión o colectivo que pudiesen dejarme tan chato como un vulgar papel de diario o de envolver o lo que resultaría peor y desde luego ya absolutamente bochornoso pisoteado reiteradamente por los patéticos caballitos encargados de trasladar por esas calles de dios a los carricoches de la basura o de algún verdulero extraviado en el tiempo pero luego comencé a darme cuenta de que existían otras posibilidades a las cuales acudir para destrabar la inercia del momento poniendo en funcionamiento diversas expectativas de proyección y aventura absurdamente abortadas como consecuencia de una conducta sino cobarde al menos vacilante y enfermiza siendo que como nos lo han enseñado hasta el hartazgo desde el instante mismo de nuestra llegada al barrio todos y cada uno de los problemas e inconvenientes que puedan presentarse a lo largo de este tedioso camino tienen de alguna manera su correspondiente solución sabio razonamiento que me llevó de inmediato a movilizarme en la medida que me lo permitían las piernas torpes y delgaduchas además de propensas a dolorosos calambres en un primer intento con rumbo sur luego en dirección oeste luego norte luego este hasta retornar a la situación inicial habiendo observado en todo momento la tranquilizadora presencia de puertas y ventanas hogareñas horadando los sólidos muros como señales inequívocas de que la vida aún continuaba curiosa sensación que me llevó a recorrer como cien veces y con más empecinamiento que ganas el ridículo circuito hasta darme cuenta de que asimismo podía con absoluto derecho y hasta cierta libertad abandonar tal instancia mediante el simple y efectivo recurso de levantar con la suficiente energía y determinación un brazo por ejemplo con el objeto de llamar la atención de algún conductor de vehículo público o privado o de quien fuera que se dignase recogerme lo cual en efecto llegó a acontecer y minutos después quizás meses o aún años o siglos me encontré estacionado en otra esquina probablemente de la misma ciudad tratando de dilucidar distintas cuestiones relativas mayoritariamente a la observación de comportamientos humanos para expresarlo de alguna forma y en tanto recordaba una oportunidad bastante anterior cuando alguien me detuvo mientras transitaba por los pasillos perimetrales del Mercado de Flores atestado por una multitud impaciente y asimismo ruidosa obligándome a interrumpir brevemente la marcha ya que creí entender que era interrogado acerca de mi familia vaya sorpresa siendo que venía desempeñándome en solitario desde la edad de setenta y siete años sin tener noticias de nadie vivo que se pareciese a un pariente hijo madre inclusive primo o hermano o tía ni siquiera putativos aunque siempre con la compañía de mi fiel perrito Pucky simpatiquísimo aunque ya viejo y achacoso en forma tal que le cuesta desplazarse de uno a otro lugar de la casa por las habitaciones prácticamente despojadas más allá de la cama de dos plazas la mesa  en la cocina y las sillas que utilizamos para acceder a la comida día tras día desde la mañana a la noche y en ocasiones por la tarde dejándonos llevar y transcurrir de acuerdo a las oscilaciones de la luz que alcanza a filtrarse a través del alto ventanuco orientado hacia el poniente o quizás no con tanta precisión bien podría tratarse de una dirección  noroeste o de otra cualquiera pero lo concreto es que todo viene a centrarse en la situación aludida un tanto insólita o al menos poco común teniendo en cuenta el lugar y la fecha y la hora aparte de que mi aspecto personal un tanto descuidado en el sentido de que no debía oler a jazmín o a lavanda precisamente considerando la falta de apego a la higiene que observaba en los últimos tiempos debido a múltiples ocupaciones y demás no diría que contribuyera a fomentar en principio este tipo de contactos no obstante lo cual y en definitiva debo aceptar que tal individuo logró su evidente propósito de abordarme llamándome incluso por un nombre que quizás fuese el que me correspondía de nacimiento aunque no podría asegurarlo por la simple razón de haberlo olvidado así que no me sentí en absoluto en la obligación de responder ni siquiera considerando su insistencia en cierto modo abusiva y no descartando inclusive que se haya tratado de un femenino detalle desde todo punto de vista insignificante atendiendo a que el tema o meollo de la cosa seguramente necesitaba  de una lectura más atenta y profunda luego de lo cual y estimando haber superado el trance me encaramé en una especie de tranvía que atravesando morosamente el infecto arrabal hubo de depositarme junto a la orilla de un río rodeado de pastizales y arbustos con islotes que se sucedían hasta el infinito en la contemplación meramente frontal desde la alta barranca algo desolada rescatando del olvido diversos objetos abandonados quizás en un lejanísimo y brumoso pasado flotando como trastos en el agua marrón tales como una naranja y botellas y pescados muertos y envases de plástico alrededor  de varias canoas destartaladas todo el conjunto en movimiento a causa de un oleaje no demasiado importante ya que la brisa no parecía dispuesta a intensificarse ni nada que se le pareciese de manera que he detenido mi aguda vista procurando obtener mínimos detalles de ese ilusorio presente donde vuelan pájaros apenas manchas esbozadas en el paisaje apagado y por así decirlo silencioso si no fuese porque una música cumbiambera comenzó a sobrevolar la estúpida llanura en la agonía de la tarde instándome a mover piernas y brazos y hasta el culito rítmicamente hacia arriba y hacia abajo y hacia los costados aunque sin conseguir para nada borrarme de la mente aquellas imágenes refiriéndome especialmente a la naranja podrida flotando junto a los camalotes y demás bajo nubes grises y blancas contabilizando asimismo tres arbustos y matas de pastos descoloridos además de las canoas una de ellas es verde y se bambolea como consecuencia de la acción del agua que se arrima a la orilla en forma de pequeñas olas y luego se diluye derramándose en la tierra gredosa agujereada por las cuevas de los cangrejos dejándome en definitiva una curiosa sensación de futilidad y de vértigo en partes iguales desflecadas imágenes de un antes que nunca sucedió o que resultó finalmente olvidado más aún teniendo en cuenta esta actualidad que podría catalogar como positiva y hasta esperanzadora donde creo divisar calle de por medio a una persona bastante peculiar y digna de la mayor atención sugiriéndome en una primera visualización que ha salido a la calle indudablemente a vender ya que toda su actitud así pareciera demostrarlo en la mañana esplendorosa y bajo la cruda luz que el sol derrama sobre la vereda de sucias baldosas donde algunos insectos se arrastran además de papeles y hojas y otros desperdicios habiéndoseme ocurrido tal idea ante la circunstancia de que el sujeto aludido lleva una valija o maletín o portafolios en su mano derecha colgando en el extremo de la agarradera de la manga cuya tela en un tono gris terroso pareciera exactamente igual a la otra manga ubicada en el lugar opuesto y oculta desde cierto ángulo por el resto de la tela del abrigo aunque en este caso no exista objeto alguno visible adherido a esa extremidad o prolongación de quién se encuentra situado en expectante actitud al borde de la calzada por donde un incesante desfile de vehículos circula a velocidades en algunos casos similares pero en otros absolutamente diferentes hecho que registro con relativa facilidad dado que se acercan ora del este ora del oeste y hasta desaparecer en el extremo de la recta que se inicia y finaliza en puntos ciertamente opuestos del horizonte aunque sin embargo es también probable que su mirada apunte hacia otros objetivos como podría deducirse de la disposición general de su cuerpo y en particular debido a la inclinación del rostro donde la abertura angular desde la cual acaso miran sus ojos es la que se necesita  para fijar detalles de la línea de edificación ubicada junto a la vereda de enfrente llevándome a suponer que todo el conjunto de manchas en movimiento que constituyen el principal elemento de la calle debe escapársele por completo absorto como se encuentra en la contemplación de muros y ventanales iluminados éstos últimos por destellos que le permitirían avizorar quizás habitaciones y recovecos ocultos rostros captados en la intimidad de un gesto miradas extraviadas demasiado expresivas o audaces para exponer en público aunque finalmente debo llegar a la conclusión de que tales acontecimientos no habrán de repetirse que inclusive son visiones que se precipitan hacia un inmediato olvido alejándose en la misma medida que el inexorable paso del tiempo me abisma en una ominosa sensación de angustia al no conseguir desentrañar los misterios o lo que sea de la jornada con el agravante de haberme dejado ilusionar con la idea decididamente absurda de que el susodicho aguardaba la llegada de un coche o calesa o algo que lo traslade hacia alguna parte a fin de concretar el intercambio de los artículos que llevaría en el interior de su maletín o cofre o como sea por lo que a partir de tales conclusiones decidí lanzarme nuevamente al camino sostenido empeñosamente por mis pobres piernas que en rigor apenas lograban mantenerme en una incierta vertical haciendo que me estremeciese como una miserable vara de bambú en el viento y en tanto atravesaba calles desiertas o de pronto atestadas de formas presuntamente humanas según lo comprueban con no poca dificultad mis ojos humedecidos por la llovizna o la niebla o por cualquier otro elemento acuoso incluso la misma brisa y hasta por la fugaz trayectoria de alguna lejanísima estrella derrumbada al otro lado del universo no obstante lo cual alcanzo finalmente el modesto objetivo trazado y ya en el interior del establecimiento que ostenta la denominación de “Bar y Copetín al Paso La Gaviota atrapo con firmeza no exenta de vehemencia el vaso que me aguarda sobre el mostrador procediendo a trasladar la razonable y hasta moderada porción de bebida ambarina hasta mi garganta reseca y sedienta que la recibe con el agradecimiento silencioso y sereno de los seres simples en cuerpo y en alma reconociendo asimismo ciertos movimientos realizados por otras manos manipulando la botella madre en distintas direcciones repartiendo mas o menos equitativamente el dulce néctar que no solamente era motivo de mi búsqueda ya que otras bocas pretendían participar de la ceremonia cuyo significado más profundo supuse que debería buscarlo en mí mismo o quizás en algún otro paraje del territorio lo suficientemente alejado de la mano temblorosa que procura llevar el borde del vaso demasiado cargado hasta sus labios de ceniza provocando pérdidas de líquido en proporciones inquietantes y de los rostros blancos como cera dando vueltas alrededor de un palo o mástil o lámpara como mariposas nocturnas achicharrándose incesantemente bajo las luces más allá de las calles y las veredas y de los edificios dormidos cuando logre una vez más ponerme en movimiento con la determinación y el anhelo de quién no va a ninguna parte con el rostro vuelto hacia el repetido crepúsculo.


(*) El presente relato se encuentra publicado en la Revista Cantera Verde (México, 2008) y en Caja Negra y otros Relatos  (ATE Santa Fe, 2009), habiendo sido adaptado para uno de los capítulos de la película Ciudad de Sombras  de Grupo de Cine de Santa Fe (2010).
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Carlos María Gómez nació en la ciudad de Santa Fe (Argentina) el 18 de abril de 1938. Escritor. Productor. Guionista y Realizador de Cine y Video.
Obras publicadas: El desarrollo (novela, 1963), Solamente con mirar (relatos, 1965), Veneno de cachiporra (novela, 1979), El enmascarado solitario cabalga hacia la muerte (novela, 1983), En el laberinto de espejos (novela, 1985), Cuentos negros (relatos, 1992), Los chacales del arroyo (novela, 1993, reeditada en 2007), Gerente en dos ciudades (novela, 1995), Alrededor de la plaza (novela, 1998), Highsmith (novela, 1995), Caja negra (relatos, 2009), Regreso al Sur (novela, 2009).
Ha obtenido numerosas distinciones, entre ellas el Premio Provincial de Novela Alcides Greca por El enmascarado solitario cabalga hacia la muerte y la Faja de Honor de ASDE por Highsmith, habiendo sido declarado Escritor destacado de la Provincia año 2009, por la Cámara de Diputados de la Provincia de Santa Fe. Su novela Gerente en dos ciudades fue llevada al cine por el realizador Diego Soffici.
Es co-fundados e integrante de la Asociación Civil Grupo de Cine de Santa Fe, habiendo participado como guionista, productor o director en las diez películas que llevan realizadas.

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