jueves, 23 de enero de 2014


Centro de ayuda al suicida

          El estridente sonido del teléfono logró disipar el sopor que ya empezaba a gobernarme debido a los tediosos programas televisivos con los que pretendía sobrellevar las tres horas de turno. De manera automática levanté el tubo y pronuncié la ya tradicional consigna:

          -Centro de ayuda al suicida.

          No recibí ninguna respuesta durante unos segundos. Sólo llegué a  percibir el ritmo de una respiración agitada, como de alguien que ha efectuado una larga carrera o se encuentra muy nervioso y no logra articular una palabra. Al fin surgió la voz de una mujer, débil y neutra:

          -Voy a suicidarme.

          Estuve a punto de exteriorizar una señal de triunfo o de íntimo regocijo porque al fin, primera vez,  me tocaba atender el llamado de alguien dispuesto a tomar tan crucial decisión.

          -¿Cuál es el medio que ha elegido?

          Comprendí que el  largo silencio  obedecía a la sorpresa o perplejidad por la inesperada pregunta. La que sin duda jamás llegaron a formular  mi hermano y sus cuatro amigos -entre los que había un sacerdote y un psicólogo- al decidir, con la mejor buena voluntad y en un gesto de generosidad y altruismo, instalar un Centro de ayuda al suicida. Las veces que habían requerido mis servicios -casi siempre desde la medianoche hasta las tres de la mañana, al parecer el turno más difícil de cubrir-, nunca el timbre del teléfono me posibilitó establecer comunicación con algún potencial suicida, por lo cual llegué a reflexionar que, para el caso de confeccionar datos estadísticos, debía ser el horario menos tentador  y, por ello, el que  reflejaba un grado de mayor euforia y vitalidad en la gente.

          -¿Cómo...?

          Creí que ya había mordido el anzuelo. La voz algo más firme y el atisbo de interés en la pregunta parecieron abrir la puerta para alcanzar mi propósito. Marqué cada palabra como si le hablara a un chico.

          -Le pregunto qué medio piensa utilizar para suicidarse.

          -No sé todavía... -titubeó, desolada, como si hubiera indagado sobre algo demasiado recóndito que no estaba dispuesta a develar, y tras una breve pausa, quizá urgida por el único motivo de su llamado, inquirió con brusquedad-:  Quiero hablar con Danilo, por favor.

          -No se encuentra en este momento -en seguida comprendí que no era la primera vez que llamaba sino que ya conocía a mi hermano y sin duda, por la infinita paciencia que lo caracterizaba y su deseo de contagiar un invariable optimismo a los demás, debía ser alguien de permanente  consulta-. Yo ocupo su turno y trataré de ayudarla como podría hacerlo él. Tenga confianza.

          -Danilo es muy especial -la voz llegó a ser un susurro casi sensual-. Gracias a él pude sobreponerme dos veces, pero ahora de nuevo siento hundirme...

          -¿Quiere decir que por tercera vez va a intentar suicidarse? -formulé la obvia pregunta con el beneplácito de estar frente a un caso ideal para desarrollar mi teoría sobre la verdadera función que  debía cumplir el Centro-. Podría decirme qué método ha empleado anteriormente.   

-¿Método...? -de nuevo pareció quedar con la mente en blanco al plantearle algo que no figuraba  en sus planes; al fin, como si recuperara algún fragmento del pasado, continuó-: La primera vez con una hoja de afeitar. Fue lo primero que encontré. Pero cuando la sangre…

          Se calló de pronto. Presentí que el recuerdo de la sangre manando de sus muñecas aún la estremecía y sin duda,  superado el propósito homicida por efecto del horror o por el natural e imperioso deseo de supervivencia, debió buscar el auxilio de un chorro de agua fría o una toalla absorbente.

          -Apeló a un recurso probadamente ineficaz  -procuré exhibir la seguridad de quien da una cátedra sobre una materia que domina a la perfección-.  Demasiado lento. Otorga tiempo para el arrepentimiento y la búsqueda de algún paliativo salvador. Estadísticamente es el medio con menor resultado positivo.

          -Sin embargo Danilo me dijo que había sido casi una bendición. Me repitió muchas veces que haberme salvado era un signo positivo y debía tomarlo como algo providencial para poder seguir…

          -Pero lo intentó por segunda vez  -la interrumpí en un reproche  casi agresivo, tratando de apartar la sombra pertinaz de Danilo-. Eso demuestra que no había superado el estado de confusión y desequilibrio.

          -Sí, lo mismo me dijo Danilo  -la reiteración del nombre de mi hermano me dio la certeza de estar bregando contra un adversario  poderoso y tal vez  invencible-. Durante cinco meses estuvimos hablando casi todas las noches…

          -Hasta que volvió a intentarlo -recalqué con firmeza-. Evidentemente los consejos de Danilo no lograron el efecto esperado.

          -Traté de cumplir todo lo que él me decía: apartar las ideas pesimistas, ocupar el tiempo con alguna tarea,  mirar todas las cosas con  mucha fe y  esperanza... -el sentido de culpa fue apagándole la voz-. Pero no pude. La soledad, esta casa tan grande, las noches  interminables y vacías. Entonces...

          -Otra vez quiso liberarse.

          -Sí.

          -¿A través de qué recurso?

          -Una soga. Estaba en el cuarto del patio. Creí que era lo único que podría salvarme de tanta angustia.  La até al ventilador del techo y...

          Aunque de inmediato presentí el modo como pudo concluir esa operación, la impulsé a dar detalles, con un regodeo casi morboso:

          -Por favor, cuénteme qué pasó.

          -Me paré sobre una silla, hice un lazo con la soga, traté de imitar lo que vi en muchas películas  -trasuntó cierta vergüenza al revivir la escena que había servido para demostrar su torpeza e inexperiencia-. Pero no resistió. El techo.  Apenas aparté la silla y quedé en el aire, el ventilador se descolgó y...

          Se detuvo, ahogada por un acceso de llanto. Con el incentivo de notarla tan frágil y  desarmada, comprendí que  era el momento oportuno para acometer la jugada final.

          -¿Se da cuenta de que tantas tentativas fallidas sólo han contribuido a otorgarle mayor hueco y desorientación a su existencia?

          -Sí... -con extrema debilidad admitió la sádica acusación-. Por eso quiero hablar con Danilo. Él es el único que…

          -Olvídese de Danilo –inflexible, traté de quebrar el último vestigio de resistencia-. Debe aceptar que no le ha dado el asesoramiento adecuado. Ahora yo le brindaré la ayuda que usted necesita. Tenga confianza en mí.

          Presentí que la demora en responder obedecía a la necesidad de asimilar  una situación  completamente diferente a la de tantas otras noches.

          -Está bien. Si usted…

          -¿Cuál es el medio que piensa utilizar ahora?

          -Aquí tengo un sobre con insecticida, un cuchillo… -imaginé que debía estar frente a una mesa cubierta con  elementos de acción destructiva-. Y también una pistola, que ha sido de mi padre.

          -Elija la pistola, sin la menor duda -no procuré disimular una manifestación  de alborozo-. ¿Ya comprobó si está cargada?

          -Sí. Tiene tres balas.

          -Perfecto -creí innecesario  hacerle notar que una bala sería suficiente-. Ahora debe actuar con mucha serenidad. Es un momento fundamental. Al fin tiene la oportunidad de superar  el bochorno y la ignominia que está sufriendo por causa de las malas experiencias anteriores. ¿Estamos de acuerdo?

          -Sí  -más que su voz percibí la respiración, fuerte y alterada, que revelaba una postura de tensión, a la  expectativa.

          -Apóyela contra el pecho, a la altura del corazón. No debe tener miedo ni vacilación. Será sólo un segundo. ¿Preparada?

          -Sí…

          -Apriete el gatillo  -le ordené, cortante-. ¡Ahora!

          No tuve tiempo de analizar si habían sido claras y suficientes mis indicaciones. La contundencia del disparo pareció perforarme el oído y, de manera instintiva, aparté el auricular.  Luego de unos segundos, al verificar el total silencio del otro lado de la línea, no pude dejar de sentir un legítimo orgullo por haber cumplido con solvencia una ardua tarea.

          El ruido de la puerta de calle me hizo colgar el tubo con rapidez. Adopté una posición relajada en el sillón y procuré mostrar la cara más apacible cuando entró mi hermano.  La sonrisa y la voz cantarina reflejaron el habitual buen ánimo de Danilo.

          -Hola. ¿Qué tal? ¿Cómo anduvieron las cosas?

          -Muy bien -pretendí jactarme de la eficacia con que había  ocupado mi turno-. Podría decirte sin temor a equivocarme que esta noche ha sido la más fructífera desde que funciona este Centro.  

 

 

 

 

jueves, 20 de septiembre de 2012

Noticias


                             
                                                                                

Premio Provincial de Narrativa

“Alcides Greca” 2014


El jurado integrado por Elvio E. Gandolfo, Carlos Roberto Ríos y Eugenia Almeida, designado por el Ministerio de Innovación y Cultura de Santa Fe, otorgó el Primer Premio Provincial de Narrativa “Alcides Greca”, edición 2014, en la categoría obras editadas, a la obra La sangre para ellos son medallas.





El jurado destaca que los cuentos de esta antología escenifican los modos de la violencia y sus efectos, en el laberinto indiviso de víctimas y victimarios. Descubre así la refracción de la violencia social que opera en un suceso íntimo, comunicando con solvencia profesional temas muy diversos, incluyendo los relatos históricos.


La sangre para ellos son medallas. La Plata, Ediciones Al Margen, 2011.

Carlos Roberto Morán, escritor y periodista de Santa Fe, ha publicado un comentario sobre esta noticia en su blog:

                                 http://lacomunidad.elpais.com/cmoran24/posts


                                                                              
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                                        Presentación de un nuevo libro




            Los cuentos que integran este libro fueron escritos en diversas épocas. Las historias abordadas reflejan las vertientes que han ido nutriendo el quehacer literario del autor: personajes y episodios relacionados con la historia nacional; los primeros años de la colonización en nuestra región; los conflictos de hombres y mujeres. El drama, la fantasía, el absurdo y un humor muchas veces corrosivo, son los registros que pueblan estas narraciones. En todas prevalece el propósito de indagar en el corazón del hombre para tratar sus facetas fundamentales: el amor, la soledad, el odio, la esperanza, el dolor, la muerte. Más allá de la variedad de los textos, se percibe una génesis común: la pasión, que es la que impulsa al autor a la creación de su obra. Como bien lo expresa desde el epígrafe, con las palabras de Borges: No se puede contemplar sin pasión. Quien contempla desapasionadamente, no contempla.

            Organizado  por  la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Rafaela, el Centro Empleados de Comercio de  Rafaela y la Editorial Palabrava de Santa Fe,  se realizó un acto durante el cual fue presentado el libro de cuentos “Timbre a la hora de almorzar”, de  Ángel Balzarino.
            El acto se llevó a cabo el viernes 13 de septiembre de 2013, a las 19:45, en la Biblioteca “Sarmiento”, del Centro Empleados de Comercio, Güemes 144, de Rafaela.
            
            Este libro corresponde al número 7 (primavera de 2013) de la Colección  “Las 4 Estaciones de la Palabra”,  un emprendimiento que llevan a cabo la Editorial Palabrava y el Diario El Litoral de Santa Fe. El mismo consiste en la publicación anual de cuatro libros de autores santafesinos (al inicio de cada una de las estaciones del año) y su distribución masiva junto con el diario mediante la modalidad de “venta opcional”, a un precio accesible.


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Alicia Barberis, Graciela Prieto Rey, Ángel Balzarino,
Patricia Severín y Marcelo Allasino

Ángel Balzarino
                                                               
Vista del público en la Biblioteca Sarmiento


EL NUEVO LIBRO DE ÁNGEL BALZARINO
“Timbre a la hora de almorzar” fue presentado en Rafaela
La nueva obra integra la colección “Las cuatro estaciones de la palabra”, de Editorial Palabrava.
Ante una nutrida cantidad de público que colmó las instalaciones de la Biblioteca Sarmiento se desarrolló el cálido acto de presentación. Balzarino agradeció con emotivas palabras, no exentas de dosis de humor. Foto: M&G Fotografías
De la redacción de El Litoral
El escritor rafaelino Ángel Balzarino presentó el libro de cuentos “Timbre a la hora de almorzar”, que tiene el apoyo y auspicio de la Municipalidad de Rafaela. La nueva obra del querido escritor -tal como quedó demostrado en el acto- forma parte de la colección “Las cuatro estaciones de la palabra” de la editorial santafesina Palabrava, que se edita junto con El Litoral.
Muchísima gente en el acto. Afuera, el frío calaba hondo; adentro, en la bellísima biblioteca, el ámbito resultaba pequeño para la enorme cantidad de gente que asistió a la cita. La apertura del entrañable acto, caracterizado también por el humor, estuvo a cargo del secretario de Cultura del municipio, Marcelo Allasino, quien resaltó que “presentar el libro de este consagrado escritor es para nosotros un verdadero motivo de orgullo, si tenemos en cuenta que es uno de los grandes de la ciudad y que, esencialmente, decidió quedarse entre nosotros”. Además, Graciela Prieto Rey y Alicia Barberis se refirieron a la formación, objetivos y tarea que desarrolla la Editorial Palabrava. Patricia Severín efectuó la presentación del libro y promovió un diálogo abierto con el autor y el público.
La obra
El título del libro es uno de los cuentos. Ángel Balzarino mencionó que este libro “recopila unos cuantos cuentos que yo venía haciendo desde hace tiempo y abarca diversas temáticas. Un poco la vertiente histórica en nuestro país, la colonización en Rafaela, el humor, el drama... Además, hay otros cuentos que apelan al humor”.
En relación a sus sentimientos, Balzarino dijo que “es una alegría poder concretar lo que uno está haciendo. Es un trabajo silencioso y largo, y cuando uno concreta la edición es llegar a culminar un proceso que es muy estimulante”.
Por su parte, y a modo de cierre, calificó a su libro como “una especie de antología de cuentos que estuve haciendo en los últimos tiempos, y se me ocurrió que éste era un buen título para este libro”, expresó.
Como cierre de la presentación, Ana Piovessano, Venus Barbotti y Eugenia Schonhals, alumnas de flauta traversa de la Escuela Municipal de Música Remo Pignoni, a cargo de la docente Verónica Valle, interpretaron tres obras del Renacimiento. Fueron largamente aplaudidas.
La noche finalizó con una cena tributada en homenaje a Balzarino, que transcurrió en un clima de cálida camaradería.
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Nota publicada el 5 de septiembre de 2013 en el Diario El Litoral, de Santa Fe.

“Timbre a la hora de almorzar” es el nuevo libro de Palabrava.
 
 
 
 
“Casi todas las historias están protagonizadas por hombres y mujeres que, con dificultad, turbación y muchas veces impotencia, deben afrontar situaciones de riesgo y sobresalto”, adelanta el autor.
 
De la Redacción de El Litoral
 
De prolífera trayectoria y notable reconocimiento nacional e internacional, Ángel Balzarino lleva publicados trece libros. En esta oportunidad, Editorial Palabrava presenta una antología de sus cuentos: “Timbre a la hora de almorzar”.
“Los cuentos que integran este libro fueron escritos en diversas épocas”, se afirma en la contratapa de esta cuidada edición. “Las historias abordadas reflejan las vertientes que han ido nutriendo el quehacer literario del autor: personajes y episodios relacionados con la historia nacional; los primeros años de la colonización en nuestra región; los conflictos de hombres y mujeres. El drama, la fantasía, el absurdo, un humor muchas veces corrosivo, son los registros que pueblan estas narraciones. En todas prevalece el propósito por indagar en el corazón del hombre para tratar sus facetas fundamentales: el amor, la soledad, el odio, la esperanza, el dolor, la muerte. Más allá de la diversidad que se puede advertir en estos textos, prevalece sin duda la génesis común que impulsó al autor en la creación de cada uno: la pasión. Plenamente de acuerdo con lo expresado por Jorge Luis Borges: no se puede contemplar sin pasión. Quien contempla desapasionadamente, no contempla”.
 
Procesos creativos
—¿Cómo es el proceso creativo de sus cuentos?
—El primer paso consiste en elaborarlo mentalmente. Luego hago una reseña con las características de los personajes y de los hechos principales. Esto me confiere un panorama bastante claro de la historia, para luego escribirla, desarrollarla, corregirla, con mayor confianza y seguridad. Este proceso me demanda un prolongado trabajo de varios meses.
—¿Cómo incide la realidad en su forma de escritura?
—La realidad suele incidir en algunos de mis textos -tanto hechos actuales como de personajes y episodios vinculados con segmentos históricos-, ello no implica que me sienta atado a ninguna fórmula o premisa previa a la hora de crear. Los hechos y personajes que la realidad suele proveerme -a través de un documento histórico o una noticia-, los trabajo para conseguir una mejor creación literaria.
—Algunos cuentos vislumbran momentos de la historia argentina, ¿cómo se entrelaza en su escritura el relato histórico con lo ficcional?
—Coincido con Marco Denevi cuando expresó: “Si nosotros supiéramos del ser humano a través de lo que recoge la historia, e incluso las ciencias, sabríamos muy poco. La literatura colma el vacío porque se ubica en el plano individual, en el hombre concreto de carne y hueso”. Eso es lo que procuro hacer cada vez que he incursionado en personajes históricos: tratarlos como seres que en un momento determinado se vieron arrastrados por la violencia, dieron prueba de coraje, sobrellevaron la soledad y el dolor, enfrentaron la muerte, conocieron el gozo del amor.
La recreación literaria me ha permitido abordar cuestiones que no pude encontrar en la investigación histórica: un sueño de Lavalle; el estado de tensión y remordimiento que sobrelleva Cipriano Catriel luego de traicionar a sus hermanos de raza; los diversos aspectos de la vida cotidiana del formador de la colonia Rafaela -convertido en protagonista de mi novela “Territorio de sombras y esplendor”-, con sus flaquezas y caprichos. Más allá de la época en que ocurran los hechos, lo que me interesa, a través de cada obra, es indagar en el corazón del hombre.
 
Pasiones
—¿Qué conceptos o valores subyacen en sus textos?
—Generalmente procuro reflejar los diversos motivos -frustración, descontento, repudio-, por los cuales mis personajes no consiguen adaptarse al ámbito de la familia, del trabajo o del sitio en que se encuentran. Casi todas las historias están protagonizadas por hombres y mujeres que, con dificultad, turbación y muchas veces impotencia, deben afrontar situaciones de riesgo y sobresalto. De ahí el anhelo que experimentan por acabar con el conflicto a través de cualquier alternativa -casi siempre violenta- que les confiera paz o liberación.
—¿Por qué elige el cuento como género narrativo?
—Desde el momento en que comencé a escribir opté por la narrativa y, fundamentalmente, por el cuento. Aunque he incursionado en la novela corta, el cuento ejerce un atractivo prácticamente irresistible. Su construcción requiere un trabajo intenso y exigente, afrontarlo tiene casi el carácter de un desafío. Por eso, cada vez que termino un cuento y tengo la íntima convicción de que ha quedado bien construido o, siquiera, tiene una mínima dignidad, experimento la satisfacción de haber superado una prueba difícil pero plena de fascinación.
—¿Cómo fue la selección de cuentos para este libro en particular?
—Ante la propuesta de las editoras de efectuar una selección de mis obras, este libro está integrado por los cuentos que considero más logrados, teniendo, varios de ellos, el respaldo de haber sido premiados o seleccionados para figurar en antologías y revistas publicadas en el exterior. Escritos en diversas épocas, estos textos muestran las vertientes -históricas, cotidianas, fantásticas- que a lo largo de los años nutrieron mi quehacer literario.
—¿Qué significa la publicación de este libro en su carrera literaria?
—Tiene una profunda significación. En primer término, por el hecho de que Editorial Palabrava me haya convocado para participar en la colección Las 4 Estaciones de la Palabra, en la que ya se publicaron obras de otros autores de nuestra provincia. Además, al ser distribuido junto a El Litoral, el libro tendrá sin duda una amplia difusión que contribuirá de manera positiva y llegará a una gran cantidad de lectores. En este sentido, quiero manifestar mi sincera gratitud y reconocimiento por confiar en mí.
  • Se trata de una antología de cuentos del autor Ángel Balzarino, de Rafaela. La obra forma parte de Las 4 Estaciones de la Palabra, colección de Editorial Palabrava que se distribuye con El Litoral.
El autor
  • Ángel Balzarino nació en 1943 en Villa Trinidad, Santa Fe. Desde 1956 reside en Rafaela. Ha publicado diez libros de cuentos: “El hombre que tenía miedo” (1974), “Albertina lo llama, señor Proust” (1979), “La visita del general” (1981), “Las otras manos” (1987), “La casa y el exilio” (1994), “Hombres y hazañas” (1996), “Mariel entre nosotros” (1998), “Antes del primer grito” (2003), “El hombre acechado” (2009) y “La sangre para ellos son medallas” (2011); tres novelas: “Cenizas del roble” (1985), “Horizontes en el viento” (1989) y “Territorio de sombras y esplendor” (1997).
Varios de sus trabajos figuran en ediciones colectivas. Obtuvo numerosas distinciones por su actividad literaria; entre ellas, el premio Mateo Booz (1968), premio Jorge Luis Borges (1976), Premio Anual por el Bienio 1976-77 de la Asociación Santafesina de Escritores, Mención Especial en el género narrativa Premio Alcides Greca (1984) de la Subsecretaría de Cultura de la Provincia; Premio Fondo Editorial años 1986-1995-1996 de la Municipalidad de Rafaela y Faja de Honor 1996 y 1998 de la Asociación Santafesina de Escritores.
 
Editorial Palabrava
  • En el marco de la colección ya se han publicado las siguientes obras: “El infierno de los vivos”, de Alicia Barberis; “El centro de la gravedad”, de Enrique Butti; “Historia del mago y la mujer desesperada”, de Carlos Roberto Morán; “Ojo por diente”, de Sara Zapata; “Salir de cacería”, de Patricia Severín y “Crónicas del Hombre Alto”, de Alfredo Di Bernardo. El arte de tapa de “Timbre a la hora de almorzar” es obra del creador rafaelino Nico Sara.


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El cuentista y las sorpresas
 
 
Comentario de Olga Zamboni publicado el jueves 14 de noviembre de 2013 en el Diario El Litoral, de Santa Fe.
 CCc
 
Editorial Palabrava, en la casi culminación de dos años de admirable labor para difundir la literatura santafesina, acaba de editar Timbre a la hora de almorzar del prolífico y reconocido autor rafaelino Ángel Balzarino, cuyas multipremiadas obras son leídas y estudiadas no sólo en el país sino también en el exterior.
Esta entrega de catorce cuentos pone a la vista nuevamente su “oficio” de narrador, en el peculiar estilo y la variedad temática que lo caracteriza, su talento en la contundencia de los desenlaces y la polifonía de voces, recursos conocidos de sus obras anteriores. Sus personajes, extraídos de lo cotidiano, hacen de lo corriente una aventura y, al ser atrapados por Ángel, brillan con luz propia en cada relato.
Marco Denevi decía que “el cuento es un poco asomarse a algo: descubrirlo en el momento en que sucede y luego retirarse”. Yo diría que Balzarino se asoma al suceso en el momento justo para hacerlo desembocar en un final sorpresivo, que da vuelta el argumento y viene a resultar lo opuesto de lo que apuntaba desde el principio. Situaciones, personas, instituciones, de las cuales cabía esperar una determinada postura, devienen en “otra cosa”. Es la “vuelta de tuerca” que transforma a un potencial enemigo en alguien que da la mano; en amante a la que hasta entonces semejaba una rival; a alguien que consuela, en un ayudante para morir; al hijo buscavidas de la familia, en un agresor del propio padre, para la sobrevivencia de todos. Así, en “El hombre de negro”, “Betty”, “Centro de ayuda al suicida”, “Una moneda, por favor”. Algunos de estos cuentos ya los conocía: ellos ofrecen la demostración más convincente de que “nada es lo que parece”. En “El largo viaje de la señorita Malbrán”, la sorpresa final sacude a una comunidad pueblerina chismosa y murmuradora y su efecto llega al lector; en “La visita del general” escudriña la mente de un héroe de la Historia Argentina. Las incidencias nos llevan a ir pensando en su probable identidad cuando el final, súbitamente, todo lo cambia.
La maestría del cuentista consiste en “engañar” al lector para luego sorprenderlo. Recuerdo “A la deriva” el famoso cuento en el que Horacio Quiroga nos “engaña” con la aparente mejoría del hombre enfermo que busca ayuda en su canoa para llevarnos al final abrupto de la muerte. Esta nota se da en mayor o menor medida en la totalidad de los cuentos de este libro de Ángel Balzarino, cumpliendo así con aquella convención de que, especialmente el cuento breve, debe tener un desenlace inesperado.
Otro rasgo común es un cierto aire a veces muy leve -típico balzariniano- de humor negro o blanco, ironía, hasta sarcasmo, que planea sobre los relatos.
El uso de la tercera y primera personas narradoras, a veces en el mismo párrafo, de ninguna manera resulta una confusión para el lector, sino que por el contrario le da movilidad al texto.
Por entre letras y formas, vemos hombres y mujeres en el constante fluir de lo humano y sus circunstancias: dolores, decepciones, esperas, pasiones ocultas y de pronto desembozadas, sentimientos que afloran, nobles o perversos, libres u obligados por las circunstancias personales, en el juego tan arduo y extraordinario del cotidiano vivir.
 
 
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Editorial Palabrava presenta
“Historia del mago y la mujer desesperada”


El libro de cuentos de Carlos Roberto Morán es la tercera entrega de la colección “Las cuatro estaciones de la palabra”






El martes 25 de septiembre saldrá a la venta el tercer libro de “Las cuatro estaciones de la palabra”, proyecto impulsado por la editorial independiente Palabrava y el Diario El Litoral. Para la estación primavera, Carlos Roberto Morán presenta su libro de cuentos “Historia del mago y la mujer desesperada”.

Ésta es la tercera entrega de la colección, que ya cuenta con la estación otoño que fue el libro “El infierno  de los vivos”, de Alicia Barberis y “El centro de la gravedad”, de Enrique Butti, que corresponde a la estación invierno.

El costo del libro es de $ 18,90 con el cupón del diario, o $ 40,00 sin el cupón.


Los cuentos


En estos cuentos Carlos Roberto Morán indaga en lo desconocido y logra hacer verosímil aquello que no lo parece: nos acerca lo inexplicable a través de sus historias. Un mago que ya no ejerce pero que vuelve a hacerlo y se encuentra con una mujer que lo trastorna; una mujer, Morena, se desliza en una fotografía de manera incomprensible; un hombre, deja una valija repleta de sueños, olvidada en un bar; un carnicero se ve enfrentado a la ferocidad del hoy; un político comienza a mutar sus facciones hasta volverse un pez, y sin embargo, nadie parece darse cuenta.

En otros relatos, el autor logra mostrarnos aspectos de nuestra realidad, tan crueles y violentos como ciertos. Sin identificaciones geográficas precisas, los comportamientos, las situaciones, calles y lugares, la reiterada presencia del agua, hablan sin hablarnos explícitamente de lo que podría ser nuestro territorio y nuestro tiempo.

Con precisión en el detalle, el autor busca comprender, interpretar, el alma humana y nos regala catorce cuentos, catorce mundos.


El autor

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Carlos Roberto Morán (Santa Fe, 1942), publicó los libros de cuentos “Territorio posible” (México, 1980), “Noticias desde el sur” (México, 1986), “Noticias de Sergio Oberti” (Argentina, 1990) y “Ella cuenta sobre el mar” (Argentina, 2006). Sus trabajos han aparecido en antologías y publicaciones de Argentina, México, España, Bulgaria y Polonia. Recibió distintos premios y distinciones y la revista “Cultura de Veracruz”, de México, le dedicó un número homenaje en 2008.

Como periodista, trabajó en las emisoras LT9 y LT10, en los desaparecidos diarios “Nuevo Diario” y “Hoy en la Noticia” y en la sucursal Santa Fe de “La Capital” de Rosario.


Proyecto editorial

Palabrava es una editorial independiente creada y dirigida por Patricia Severín, Graciela Prieto y Alicia Barberis, que se basa en la revalorización del trabajo creativo y en el reconocimiento del autor y su obra, con una justa retribución económica en concepto de derechos de autor.

Dentro de los objetivos más importantes que sustentan este proyecto, figuran el estimular a niños, jóvenes y adultos en su camino a la lectura; y difundir la obra literaria y la biografía de autores y autoras santafesinos en todos sus géneros.

Uno de sus proyectos es “Las 4 estaciones de la palabra”, que consiste en la publicación de cuatro libros anuales, que se distribuyen junto al Diario El Litoral, al inicio de cada una de las estaciones (otoño, invierno, primavera y verano), como forma de estimular la lectura y difundir a los autores de nuestra provincia.



Noticia publicada por el diario La Opinión, de Rafaela, el 18 de julio de 2012:

A través del asociativismo se favorece a los escritores

Tres escritoras pusieron en marcha Palabrava, con la finalidad de favorecer a los escritores santafesinos, la propuesta marcha, por el momento a través de la producción de cuatro obras anuales, una de las cuales coresponderá al rafaelino Angel Balzarino.
Los escritores, y muy especialmente los del interior  se ven sujetos a muchos inconvenientes para ver plasmada su obra, y además se encuentran ante realidades que van en desmedro del propio creador, tres escritoras santafesinas, buscando  una solución han encarado un emprendimiento, y aprovechando su visita a Rafaela, con motivo del Festival de Teatro, se acercaron a nuestra Redacción para difundir su actividad, y muy especialmente, porque en el mismo, está inmerso un querido creador local, Ángel Balzarino. Tres escritoras de nuestra provincia, una rafaelina de origen, Patricia Severín, hoy radicada en la capital provincial, otra oriunda de Santa Clara de Buena Vista, Alicia Barberis, también radicada en Santa Fe y Graciela Prieto, oriunda de la capital provincial,  para hacer frente a estos inconvenientes y tratar de facilitar la cosa, para sus producciones y de otros colegas santafesinos, decidieron encarar un proyecto editorial, al que llamaron Palabrava, y que parte de una acción que no es ajena para otro tipo de emprendimientos en actividades diversas, como lo es el asociativismo -una propuesta de colaboración y solidaridad que es sinónimo de desarrollo y progreso-, y a través de ella la idea es buscar la solución no sólo a su problema, sino al que sufren otros escritores. Las tres mujeres mencionadas, asociadas entre sí, se asociaron con el diario El Litoral, de la ciudad de Santa Fe y comenzaron, con buena repercusión una colección que, por el momento,  sale con una obra cada tres meses y que se denomina "Cuatro estaciones de la palabra", se distribuye con el diario, en todo el radio de acción del vespertino de la capital provincial y se vende con el diario a un valor de $ 18,90 el ejemplar. Se publican obras de narradores santafesinos, la primera fue una obra de Alicia Barberis, le siguió otra de Enrique Butti, luego, en primavera saldrá otra de Carlos Roberto Morán y en verano la creación de Sara Zapata. Para el año que viene ya está programada una creación de Patricia Severín, en invierno una de Ángel Balzarino, en primavera Alfredo Di Bernardo y en verano Graciela Prieto. La propuesta contempla también el trabajo con artistas plásticos santafesinos, imprentas y diseñadores de nuestro territorio. Este año han trabajado sobre cuadros de Andrés Dorigo -quien gentilmente puso a disposición su obra-, el diseñador es su hijo, Alvaro Dorigo junto a su socia Noelia Mellit. El año próximo se trabajará con artistas plásticos de Avellaneda y Reconquista, y se aspira a hacer lo propio con artistas rafaelinos.







Ediciones Al Margen, La Plata, 162 páginas, 2011.



Noticia publicada por el diario La Opinión, de Rafaela, el 20 de agosto de 2011:


“Trato de ponerme en la piel de los personajes”



Anoche en la Biblioteca SarmientoAngel Balzarino presentó su nuevo libro de cuentos “La sangre para ellos son medallas”. Las profesoras Liana Friedrich y Miriam Demarchi dialogaron con el autor. Raúl Ordenavía destacó su obra y el “Legado trío” acompañó con música.



              





Miriam Demarchi, Ángel Balzarino y Liana Friedrich

En tiempos en los que mucho se habla y poco se dice, en los que la palabra se vacía de contenido y lo que es peor, se vacía de sentimiento, la presentación del nuevo libro de Angel Balzarino es motivo de celebración. Anoche en la Biblioteca Sarmiento del Centro Empleados de Comercio, el escritor presentó su décimo libro de cuentos: “La sangre para ellos son medallas”. 
El encuentro comenzó con la lectura de un fragmento de uno de los cuentos y el diálogo entre las profesoras Liana Friedrich y Miriam Demarchi y el autor. Cuándo empezó a escribir y cuándo a publicar, cómo nace un cuento, qué géneros prefiere, cómo influye Internet en la difusión de sus textos por el mundo fueron algunas de las preguntas que las mujeres utilizaron para ir presentando a Balzarino.
Raúl Ordenavía, director de Ediciones Al Margen, destacó luego la obra del autor y habló sobre la decisión de haber vuelto a elegir los textos, por considerarlo no sólo un gran escritor, sino ante todo una gran persona. 
El acto, organizado por Escritores Rafaelinos Agrupados (ERA) y Ediciones Al Margen, se llevó a cabo en el lugar acertado, ¿acaso no es la biblioteca ese universo donde se hospedan todos los mundos imaginables? El mismo Balzarino reconoce, cuando las profesoras de literatura que lo acompañaban le piden “enseñanzas” para los alumnos que “aprendí a escribir en esta biblioteca y en la librería «El Saber» del amigo Vicente Dómina; esas eran las dos casas que yo más frecuentaba cuando llegué a Rafaela”.

M
AS QUE CINCO MIL
Balzarino reconoce que “prácticamente todos los cuentos están tomados de algún fragmento de la realidad”. El título del libro presentado anoche, que es el título de uno de los cuentos que lo integran, es un verso del poema “Somos cinco mil” del cantor chileno Víctor Jara. 
En diálogo con LA OPINIÓN el escritor explicaba que antes de escribirlo había investigado sobre la vida de Jara, no sólo sus días antes de morir. Y el cuento intenta relatar los últimos días del compositor muerto por el Ejército de su país, apropiándose del lenguaje de la literatura, que es el lenguaje de las supuestas mentiras ancladas a la realidad.
¿Quizás
por esa referencia, sucede que la ficción duele o incomoda tanto a los mortales? A Víctor Jara los que festejan la sangre le habrían cortado su lengua y lastimado sus manos antes de hacerlo desaparecer. Pero su voz se oirá siempre, mientras otros hombres, como Balzarino, comprendan y hablen su mismo idioma.
Como sucede en casi todos sus textos, el escritor indaga las psicologías individuales de los personajes, tratando de ponerse “en el cuerpo humano de los personajes, en el sentimiento humano de la gente”. “Intento revivir lo que ellos sintieron”, asiente Balzarino que también escribió sobre Dorrego, Lavalle, los primeros habitantes de la colonia de Rafaela, entre otros.
Al recuperar la voz de los personajes intenta comprenderlas, las hace dialogar con otras voces y así va creando historias, generalmente buscando desvelar formas de violencia imbricadas en las relaciones humanas. 

RECONOCIMIENTO
Los textos de Balzarino son leídos y también analizados en universidades de todo el mundo… “A menudo es difícil dimensionar el talento de algunos escritores locales. A veces se los mira con ingenuidad y se los juzga mal sólo por tenerlos como vecinos: pues bien, hay que tener la capacidad de romper con ese chato paradigma”, escribió Alejandro Menardi en "Rastros", suplemento de arte de LA OPINIÓN. 
Entre las obras de Balzarino (que lleva publicado diez libros de cuentos y tres novelas) se pueden citar:  El hombre que tenía miedo" (1974), Albertina lo llama, señor Proust  (1979), La visita del general (1981), Cenizas del roble (1985), Las otras manos (1987), Horizontes en el viento (1989), La casa y el exilio (1994), Hombres y hazañas (1996), Territorio de sombras y esplendor (1997), Mariel entre nosotros (1998), Antes del primer grito (2003) y El hombre acechado (2009).

En la contratapa del libro figura el siguiente texto de la Prof. Liana Friedrich:


            El verso que denomina este volumen corresponde al poema escrito en cautiverio por el chileno Víctor Jara, el cual reitera el título del último de los cuentos que cierra una saga, y que desde su esencia misma anticipa la temática central, recurrente preocupación del escritor: la violencia y sus múltiples facetas, capaces de enajenar al hombre de nuestro tiempo, pero a la vez de liberar las pasiones que constantemente se hallan en pugna con la ética, plasmada literariamente a través de una estética que recurre a la aventura del lenguaje -muchas veces polifónico- para tratar de reflejar la naturaleza contradictoria del ser, sumergido permanentemente en la pesadilla de la revolución, la fuerza brutal de la represión, la guerra fratricida e inútil y hasta el sexo como posesión opresiva e irracional. Es por ello que sus protagonistas,  por lo general e inevitablemente, deban sucumbir, como mecanismo de defensa. De ahí que la violencia se convierta desde la experiencia literaria, propuesta por el consagrado escritor Ángel Balzarino, en un gran acto catártico que se posiciona entre las dimensiones de lo histórico y lo mítico.


Blog de Carlos Roberto Morán: 


Aquí se encuentra:

El comentario: "La sangre para ellos son medallas", de Ángel Balzarino y entrevista al autor


Testimonios fotográficos del acto de presentación de La sangre para ellos son medallas:


Tapa del libro
Vista del público
Ángel Balzarino y Raúl Ordenavía, director de Ediciones Al Margen

Vista del público
Miriam Demarchi, Ángel Balzarino y Liana Friedrich


Raúl Ordenavía, Miriam Demarchi, Ángel Balzarino y Liana Friedrich







Miguel Buffelli, Federico y Jorge Domenella,
integrantes del Legado Trío

Diario EL LITORAL de Santa Fe 
Artes y LetrasEdición del Sábado 24 de diciembre de 2011
Cuentos de furia y dolor
“La sangre para ellos son medallas”, de Ángel Balzarino (*). Ediciones Al Margen, 2011.

Por Patricia Severín

Este nuevo libro de cuentos del rafaelino, Ángel Balzarino, nos coloca ante quince historias que ratifican su maestría como narrador. Los relatos van fluyendo y de pronto lo que veíamos desde afuera ahora lo vemos desde adentro, luego desde otro personaje, más adelante en distinta angulación. La polifonía da agilidad y contrapunto, y los cortes temporales entre el pasado y el presente, una fluidez que corre serpenteante hasta el desenlace. Este andamiaje es presentado en la mayoría de los textos y es un fuerte rasgo de estilo de sus narraciones.
En dos ejes fundamentales se apoya la escritura de estos cuentos: en lo formal, el recurso de introducir directamente la primera persona cuando se viene utilizando la tercera; en las narraciones, los finales rotundos, sorpresivos. Estas historias en su mayoría violentas- tienen como remate un golpe de gracia que afecta de muchas maneras a los personajes, y por proyección al lector. Los personajes se transforman a veces-, repentinamente, ante la irrupción de acciones imprevistas, impensadas, que dan un giro profundo sobre lo narrado.
Seres descontrolados por sus pasiones: ira, codicia, celos. Que no reparan en mentir, blasfemar o utilizar al prójimo sea éste su hijo, su abuelo o su padre-, para alcanzar el objetivo que llevan in mente. La lujuria, las ansias de poder, la irracionalidad, el despotismo, son parte de la conformación de estos personajes que descargan su violencia, su furia iracunda, sobre sus hermanos y hermanas consanguíneos o de la vida. Ellos plasman vívidamente una sociedad cruel, a veces vandálica, en donde los actos de piedad son escasos o mínimos. Pareciera que todo lo arrasa y justifica la consumación del propio deseo. Esa sombra que se desliza de distintas formas-, en cada uno de los quince cuentos que contiene el volumen, y que a veces se expresa en un espeso humor que se despega por debajo de los mismos. Personajes en los cuales anida la amargura como el más efectivo veneno. Criados que se venden por un precario bienestar futuro (“La voz inoportuna”), deslealtades y trampas entre amigos y amigas (“Betty”), celos enceguecidos (“La mujer sentada junto a mi esposo”), un ex soldado de Malvinas obnubilado por sus fracasos y la trampa en que lo sumerge su hermana (“Con las manos atadas”), la mendicidad sin límites (“Una moneda, por favor”), la desconfianza y el voyeurismo (“El amargo sabor de la frustración”), un viaje hacia la vergüenza (“Catarsis”), el pasado que retorna y la venganza (“Veinticuatro años después”), vejámenes infrahumanos (“Una palabra, nada más”), son algunos de los temas de estas historias.
El cuento que cierra el volumen, “La sangre para ellos son medallas”, refiere a las últimas horas de Víctor Jara antes de ser asesinado en el Estadio Nacional de Chile, el 15 de septiembre de 1973. Uno de los versos del poema que escribiera, antes de perder la vida, es rescatado por Balzarino para titular el volumen.
Quizá sea justamente esa sangre, esa gota espesa que baja cortando la tapa del libro, la que enhebra el dolor, el sinsabor de todos estos personajes que nadan en su propio mar de desencanto, y a los cuales Balzarino mueve con maestría en la soledad de sus propias trampas.
La lectura de este libro puede ser una interesante manera de repensar nuestros vínculos y relaciones, y quizá también una forma de observar la manera en que nos paramos frente al mundo. Balzarino despliega un universo fracturado y ante él, sólo podemos cuestionarnos qué hemos dejado de hacer, qué dejamos pasar, qué mano no hemos sostenido, en qué contribuimos quizá sin quererlo-, para que esa negrura prospere y se reproduzca.

(*) Angel Balzarino, reside en Rafaela, Santa Fe. Tanto su prolífica producción, como sus premios, consagran una vida dedicada a la literatura. Podemos mencionar entre muchos otros-, “El hombre que tenía miedo” (1974), “Albertina lo llama, señor Proust” (1979), “La visita del general” (1981), “Horizontes en el viento” (1989), “La casa y el exilio” (1994), “Mariel entre nosotros” (1998), “El hombre acechado” (2009). Su blog: http://angelbalzarinoblogspotcom.blogspot.com.




Diario La Opinión de Rafaela

03/01/2012 - SUPLEMENTO LA PALABRA
EL INVITADO
La sangre para ellos son medallas (Apuntes en torno a una obra provocativa)
Por Osvaldo Raúl Valli - escritor (Santa Fe)

Lejos de una estética complaciente o de aquellas expresiones literarias que de una manera u otra se ajustan a reglas no siempre claras de mercado o a erráticos “gustos de época”, la escritura de Ángel Balzarino constituye en sí misma un desafío para cualquier lector, aun el más entrenado en el ejercicio de captar enigmas, desentrañar situaciones o bucear en la interioridad de los protagonistas. Una recorrida atenta por algunas de sus obras (desde El hombre que tenía miedo a Albertina lo llama, señor Proust, desde Hombres y hazañas a Cenizas del Roble, desde Antes del primer grito a La sangre para ellos son medallas) permite advertir señales propias, rasgos particulares, guiños de complicidad que inevitablemente remiten a un estilo, a un modo especial de proyectar imaginarios, y configurar atmósferas. Hablan igualmente de innegable aptitud para enlazar lo lúdico con lo trágico, lo inofensivo con lo terrible, la preferencia por problemáticas individuales con visión comprometida y hasta testimonial, de la realidad social.
La sangre para ellos son medallas -obra publicada este año- si bien establece cierta continuidad respecto a aquellas líneas fuertes, pone de manifiesto la incorporación de algunos tópicos sustanciales vinculados al devenir sociopolítico actual o a hechos ubicados en la tenebrosa etapa del terrorismo de Estado. Con singular maestría Balzarino va más allá, en la mayoría de los casos, de la mera instancia anecdótica al acceder a dimensiones profundas donde se juegan aspectos fundamentales que hacen a la ubicación de los seres respecto a sí mismos y al mundo en que están insertos. Dicho en otras palabras, lecturas probables a través de las cuales determinadas vicisitudes “cotidianas” requieren ser interpretadas, a otro nivel, como hechos trascendentes que rozan los propios límites de las posibilidades humanas. “Una palabra, nada más” constituye, desde esta perspectiva, un claro ejemplo de cómo un hecho concreto (el suplicio de una familia a raíz de un operativo policial injustificado) puede ser interpretado simbólicamente a través de uno de los mitemas más conocidos. En este caso el descenso al mundo de las tinieblas “signado no solo por la pérdida de sentido del tiempo sino por su carga de “terror, desamparo” y degradación. Lejos entonces, del sentido recuperador que los descensos míticos poseen en la vida de los seres “elegidos”, la “pesadilla tortuosa casi interminable” vivida esa noche por los Quiroga tuvo para el padre una connotación especial. La falta de una palabra, una sola palabra reparadora que mitigue y dé sentido a sus padecimientos, lo enfrentó a la certeza de haber cruzado un límite. La “definitiva derrota” estaba a la vista, y lo que es peor, sin posibilidades de regreso.
Hay otros cuentos -“Los juegos para Ana” o “Una culpa latente”- que si bien podrían suscitar lecturas arquetípicas análogas a la esbozada anteriormente, la propia matriz conceptual con que fueron engendrados (dimensión de lo absurdo mezclada con un “realismo patológico”; atisbos del grotesco con facetas de lo trágico), posibilita una extraña relación con las vicisitudes de los personajes. Sobre todo, la última de las piezas nombradas, cabal demostración de la capacidad de Balzarino de generar situaciones en las que se entrelazan facetas ponderables y al mismo tiempo, aberrantes de la naturaleza humana. En este caso una historia en cierto modo lineal (si es que se puede hablar de linealidad en este autor) focalizada en la protagonista, una mujer que narra minuciosamente y sin inhibiciones cómo fue tramando un prolijo plan destructivo que la habría de llevar, a un estado de inefable gozo interior no exento, paradójicamente, de una rara euforia culposa.
Precisamente en estas contradicciones estarían las claves para entender una narrativa compleja y en gran medida cuestionadora que privilegia los interrogantes sobre las certezas, los flancos débiles y hendiduras por sobre la contundencia de un posible mensaje aleccionador. Bases necesarias aunque no excluyentes, para acceder sin prejuicios a un orbe narrativo demandante de lectores cómplices, participativos, capaces no solo de desentrañar señuelos que de tanto en tanto va dejando el autor, sino de asumir a fondo que en cada uno de los cuentos está latente la posibilidad de encuentro o desencuentro, de amor o de odio que subyace en esa obra de experiencia y de riesgo que asume la criatura humana cuando se dispone a asumir el no siempre fácil oficio de vivir.
O de morir como ocurre con “La sangre para ellos son medallas”, el cuento elegido por Balzarino para “cerrar” el libro. Diferente en lo que hace al trabajado de la estructura cuentística y al mismo tiempo portador de motivos básicos que atraviesan piezas narrativas. Ente ellos la violencia, constante semántica en el transcurso de la obra, que aquí estalla en una onda expansiva de alto voltaje social, político y sobre todo ético: Víctor Jara preso, atormentado por la tortura y a punto de ser ejecutado, desespera por borronear “el único y último signo que podría presentar en la batalla que (…) iba a perder definitivamente”. De nuevo sorprende el narrador con esta reelaboración estética de un “relato” enquistado en la memoria colectiva chilena. La pasión y muerte de alguien que hasta sus últimos momentos luchó a brazo partido contra el olvido, a través de versos borroneados en “un mísero papel”.
Visto desde esta perspectiva adquiere sentido pleno este último libro de Balzarino, el “experto tejedor de sutiles tramas artesanales” -como alguna vez lo nombró Lermo Balbi-. Sutiles tramas que no solo se “tejen” en base a dominio de la intriga, dosificación de tiempos discursivos o manejo de las inevitables tensiones narrativas. También exigen, vale la pena repetirlo, miradas de mundo, posiciones ante complejidades de la historia, fina sensibilidad para comprender (y fantasear sobre ello) las grandezas y relatividades de la condición humana.
En concordancia con lo manifestado, no ha de resultar fácil, aun para el receptor más "distante", permanecer impasible luego de la lectura de esta obra.                                         


Diario La Opinión de Rafaela

06/02/2012 - SUPLEMENTO LA PALABRA
EL INVITADO
La sangre para ellos son medallas
Por Liana Friedrich - escritora

El último volumen de cuentos de Ángel Balzarino
¿Literatura de compromiso, contestataria o histórico-testimonial?

El epígrafe que abre esta nueva colección de cuentos -y que da título al volumen- pertenece al último poema testimonial que el cantautor chileno Víctor Jara, amigo de Violeta Parra y referente internacional de la canción reivindicativa, escribiera, hallándose prisionero junto a otros militantes del partido comunista en el Estadio de Chile (sitio que en su memoria hoy lleva su nombre), y donde fuera cruelmente torturado y asesinado. Estos versos constituyen una “profecía cumplida” de lo que él mismo expresara en el manifiesto: …“del que morirá cantando las verdades verdaderas”, hilo conductor en las ficciones de Balzarino como eco de un…“canto que ha sido valiente/ (que) siempre será canción nueva”.
Ya en el primer cuento, “La mujer sentada junto a mi esposo”, aparece el tema de la venganza como actitud reactiva ante la traición y la infidelidad. Para pintar las pasiones humanas (celos, odio, despecho, en este caso), como en otras composiciones, A.B. recurre al punto de vista móvil, que desde la primera persona estereoscópica focaliza los distintos personajes, en pugna por capitalizar el protagonismo de la acción. Por eso las estrategias discursivas habituales en su corpus narrativo son el estilo indirecto libre y el discurrir de la conciencia, en esta “fábula del cazador cazado”, donde el absurdo y trágico final logra sorprender al lector. En el “Servicio cumplido”, apela a otra técnica que también es común en Balzarino: el cambio de tipografía para destacar la movilidad del “yo narrativo”, que se anuda también alrededor de una trama secundaria, en las relaciones disruptivas de la pareja (donde la violencia se ve acrecentada por el flagelo del alcoholismo). “Betty” reitera sistemáticamente -como en un leitmotiv- el tema de los vínculos conflictivos centrados en la pareja, ante la irrupción de una tercera persona en discordia, que transforma los parámetros sexuales de la relación.
 
En cambio, “La voz inoportuna” traslada la violencia a un ámbito más amplio: la sociedad en el marco de un contexto político que se vale de los recursos más viles, a fin de acallar las voces de la oposición y de la libertad de expresión, cuyo relato culmina con el sorpresivo desenlace que siempre caracteriza la narrativa de Angel Balzarino, apelando, en este caso, al estilo directo que agiliza el avance de los hechos. Indudablemente, los desgraciados sucesos acaecidos en la guerra de Malvinas han dejado una huella imborrable en el corpus narrativo de muchos escritores de nuestro tiempo, tema que irrumpe recurrentemente también en la cuentística de A. Balzarino: “Con las manos atadas”, descubre las consecuencias que la violencia desatada en el contexto bélico -falsa y fatalmente esgrimido como bandera de soberanía- ocasionaran en la psiquis de quienes fueran partícipes; aquí el punto de vista oscila entre la tercera persona testimonial omnisciente y la primera del narrador subjetivo, a efectos de caracterizar -por dentro y por fuera- los rasgos propios de una mente desequilibrada, y también para reflejar las relaciones conflictivas que se viven en el seno de una familia liderada por un padre autoritario más la presencia sobre-protectora (con ribetes edípicos) de la hermana del protagonista, todo esto para demostrar cómo la violencia solo puede engendrar actitudes reactivas y antisociales: temor, depresión, desorientación, cercanas al polo de la disociación, las que conducen irremediablemente a un trágico final. La técnica multifocal se halla fuertemente indiciada por los subtítulos que revelan el nombre de cada personaje-voz narradora dentro del relato, mientras que la tipografía cursiva obra como disparador del pasado que despierta sensaciones vividas en las islas australes.
“Una pequeña y diaria cuota de venganza”, muestra la violencia que deviene del abuso sexual y la sed de venganza, un tipo de relación vincular negativa que proviene del avasallamiento de los derechos y libertades esenciales para el ser humano: es un ejemplo de un encuentro vivido de manera restrictivo-agresiva, con facetas de dolor, escarnio, daño moral y psíquico. Indudablemente la narrativa de A. B. se emparienta con la “novela psicológica” al mejor estilo “dostoievskiano”, donde la constante movilidad del punto de vista es el recurso predilecto dentro del decurso literario. En “Una moneda, por favor”, la violencia familiar es el enclave vincular, flagelo social que surge a consecuencia de la crisis económica y que deriva en depresión, alcoholismo, hambre y mendicidad, donde la primera persona narradora seguramente evocará en el lector algún acontecimiento de la vida cotidiana rafaelina…
 
Como en otras entregas, A. Balzarino presenta en “El amargo sabor de la frustración”, una fina ironía que tiñe la narración de un tono tragicómico. Como ya es frecuente, en “Catarsis” denota su consumada destreza para describir sensaciones, sentimientos y emociones, las que como fantasmas acosan a los seres de papel; en este caso, también el morbo sexual solo conduce a la degradación y la vergüenza, además de producir desconcierto con la irrupción de un elemento inédito en el desenlace no falto de un humor trágico; el intertexto también revela conexiones con otro medio de comunicación: la cinematografía (estrategia ésta muy frecuente en la cuentística actual).
 
“24 años después” presenta otro motivo recurrente dentro del corpus literario de la narrativa argentina contemporánea: la llamada “guerra sucia”, acaecida durante el gobierno de facto; es la violencia de estado generada durante las décadas del 70-80, que desembocara en muerte, represión y desapariciones, además de la pérdida de identidad, con lo cual el tema iterativo de la violencia es desviado aquí hacia objetivos civiles, con el consecuente aplastamiento de los derechos, que desemboca en el genocidio. Tal es su vigencia social e histórica, que en todos los ámbitos aún resuenan los ecos de venganza y el anhelo de recomposición de las libertades avasalladas. Es el antagonista entonces quien, al perpetuar su rol de torturador en las relaciones de tipo sadomasoquistas, debe soportar doblemente las consecuencias vindicativas. Los avances y retrocesos temporales, así como el punto de vista cambiante, se hallan indiciados con la tipografía.
Como reza el epígrafe de “Una palabra, nada más”, una nota periodística es la fuente de inspiración, la cual alude a los vejámenes con que la brutalidad policíaca somete a los cautivos. Bien podría servir este cuento como síntesis estilística, ya que permite ejemplificar todas las estrategias textuales que suele emplear Balzarino: estilo directo, indirecto, indirecto libre, a fin de dar cuenta del fluir de la consciencia, o de internarse en los complejos laberintos de la psiquis de sus agonistas…
 
Dentro de la trama narrativa intertextual del corpus balzarineano reaparece un lugar (casi mítico o legendario) para centrar la acción en “Fin de la representación”: “La Florida”, nombre que Angel Balzarino le atribuyera a nuestra ciudad en sus ficciones. Allí, la protagonista femenina logra saciar apenas su sed de venganza por la conducta licenciosa del marido, para gozar de una “ínfima revancha”. En cambio, en “Una culpa latente”, la venganza aparece como una especie de “catarsis”, un modo de “aplacar un largo período de frustración y desasosiego”, urdiendo en este caso la protagonista un plan que implicaría doblemente a quienes considerara obstáculos en su camino hacia la felicidad tan anhelada. En “Los juegos para Ana”, es la propia psiquis del personaje la que le juega una mala pasada: los intrincados procesos de la conciencia se encargarán de ejercer una acción reactivo-agresiva sobre su organismo para hacerle padecer hasta lo insufrible.
 
Cierra el conjunto “La sangre para ellos son medallas”, cuento que le da título al volumen, de carácter histórico-testimonial, el cual centra (también valiéndose de las estrategias narrativas antes mencionadas) la dimensión espacio-temporal en la década del 70 y en el vecino país chileno, para dar cuenta de la trágica muerte de Víctor Jara, mártir del terrorismo de estado, así como de las circunstancias en que produjera su última canción de protesta, en el mismo Estadio Nacional donde fuera brutalmente ejecutado. En formato de cita al pie, Balzarino transcribe los demás versos del poema: (que bien podrían confesar su intención de denunciar tanta injusticia, ante tanta violencia irracionalmente desatada): “¡Cuánta humanidad / con hambre / frío, pánico, dolor, / presión moral, terror y locura!”.