martes, 1 de diciembre de 2015

EL POZO


          Al cumplirse un nuevo aniversario del Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas, el 2 de abril de 2016, a las 10:00, en la Escuela Malvinas Argentinas, se llevó a cabo un acto organizado por la Municipalidad de Rafaela y el Centro y Museo de Soldados Ex Combatientes de Malvinas de Rafaela y el Departamento Castellanos.

          En tal oportunidad se hizo entrega a los presentes de ejemplares de mi cuento EL POZO, el cual fue publicado por la Secretaría de Educación de la Municipalidad de Rafaela con motivo de la conmemoración del Día del veterano y de los caídos en la guerra de Malvinas.
 




          A pesar del cansancio, siguió hundiendo la pala con el mismo ritmo.  Lento.  Mecánicamente.  Como lo había hecho por primera vez, dos días atrás, cuando se produjo la denigrante y jamás pensada rendición de las filas patriotas y entonces los otros, los enemigos que habían soñado y jurado destruir con mayor rapidez y facilidad que aplastar una mosca, se revelaron imponentes y soberbios, dispuestos a emplear un despótico rigor sobre los prisioneros como él.  Sí.  El peor trabajo.  El que nunca imaginé ni hubiera elegido.  Sin alternativa para sublevarse.  Como tampoco pudo hacerlo aquella tarde cuando llegó a la casa la nota escueta, rotunda, extremadamente fría, que lo urgía a presentarse en el Regimiento del Ejército.  Aunque la perspectiva de participar en un conflicto bélico lo sacudió con violencia, procuró mantener la calma para desvanecer el temor que se había apoderado de sus padres y, sobre todo, de Julieta, incapaces de aceptar la idea de tan súbita separación.  Será por unos días.  Todo se arreglará muy pronto.  No logró esgrimir otro argumento, tanto por la necesidad de aferrarse a esa  esperanza, bastante débil y nebulosa,  como por impulso de la fuerza y seguridad que pretendía transmitir a través de  cada palabra el teniente Bertoldi. La patria está en peligro. Debemos defenderla. Sin miedo ni vacilación. Hasta destruir completamente al enemigo. Probarle nuestra capacidad de lucha. No llegó a sentirse contagiado por semejante fervor, como tampoco la mayoría de los muchacho que ascendieron con él al avión para marchar al frente de batalla en la remota zona austral; más bien el miedo, cierta desorientación y hasta  un aire de velada impotencia los embargó cuando padres, hermanos, novias, agitaron los brazos en señal de un saludo que no hacía presentir una separación breve ni pasajera. Parece la despedida final.  Como si ya nunca  volveremos a vernos.  Después, sobrellevando con extrema dificultad el azote del frío, sin llegar a saciar el hambre con la comida escasa y desabrida,  debieron  superar cualquier gesto de flaqueza y, por imperio de frías disposiciones, armarse de vigor y resolución para cumplir el deber ineludible de echar de las islas a los aviesos invasores.  No. No será tan fácil ni terminará tan rápido.  La certidumbre creció con la voracidad un cáncer en el curso de los días, atenuando el optimismo que mandos superiores pretendían insuflar sobre un pronta victoria. La caída de incontables compañeros  acentuó el progresivo pánico ante el poder destructivo de las fuerzas enemigas. Para no caer en el desánimo o tener tal vez bruscos ataques de locura, procuraba evocar sitios familiares, rostros queridos, en una febril tentativa por recuperar todo aquello que había integrado su mundo y ya consideraba remoto, casi perdido.  Julieta.  La soledad parecía tornarse más aguda cada vez que la recordaba, golpeado por el hecho desgarrador de no poder tenerla entre los brazos, acariciarla, besarla.  Hundió la pala en la tierra.  Una y otra vez.  Ahora impetuoso.  Frenético.  No por el deseo de acabar cuanto antes el pozo, sino como una forma de apartar el asedio de recuerdos perturbadores o, más bien, para descargar la dosis de rabia, terror, desesperanza.  Vanamente.  Lo supo con desoladora claridad.  Porque ya resultaba demasiado tarde para evadirse de esa especie de trampa.  Sin alternativa de elección y obligado a cumplir una disciplina estricta, se había visto precipitado a intervenir, sin preparación y escaso armamento y arrebatado de miedo, en una pugna que de antemano parecía destinada al fracaso. Como si se tratara de una broma macabra y nosotros fuéramos simples muñecos de trapo convertidos en el blanco del ataque de ellos.  Desesperado por ser parte de un rebaño que, obediente y sin capacidad para armar una sólida defensa, se afanaba por sobrevivir en desigual puja.  Por eso no le sorprendió la rendición.  Cayendo prisionero, se vio sometido a reglas que los otros, enseñoreados por el triunfo, se encargaron de hacer cumplir con recia determinación.  Sin piedad.  Soberbios.  Y así le había tocado apuntalar edificios deteriorados por los bombardeos, limpiar los escombros que cubrían los caminos, excavar la tierra para sepultar a los muertos. El peor trabajo. El  que jamás hubiera querido hacer. Sobre todo por tratarse  de los amigos con quienes  había compartido la lucha, el temor,  la desolación.  Al fin, exhausto, advirtió que el pozo tenía el tamaño de tantos otros. Corno lo exigían sus captores.  Entonces el grito le hizo volver la cabeza. Notó la firme actitud del soldado que lo vigilaba. Sí. Este es para mí. Lo comprendió súbitamente.  Mientras el fusil vomitaba fuego.

·       Este cuento integra el libro “Hombres y hazañas”, el cual obtuvo en 1995 el Primer Premio del Fondo Editorial de la Municipalidad de Rafaela.
 
 
A PLENA LUZ


          ¿Te sorprende verme aquí?  Sin duda debo ser la última persona que esperabas. Después de seis o siete años. Aunque nos encaminamos por rumbos distintos, yo nunca pude desligarme de vos, apartarte de mis pensamientos, lograr que ingresaras para siempre en el pasado. No. Permanentemente estabas frente a mí. Al acecho. Con la sensación de caer apresada entre tus brazos. Impidiendo que me moviera con libertad, sin miedo. Ahora estoy aquí, no para cuidarte toda la noche, como le hice creer a la enfermera, sino para concretar el acto con que procuraré relegarte para siempre  de  mi vida. Si. No abrigo otro propósito. Extirparte como una espina molesta y cruel. Porque no llegaste a ser otra cosa para mí. Desde que comenzaste a vivir con nosotras. Más que por amor, mi madre te buscó para  apartar la soledad y tener una ayuda para afrontar los gastos de la casa. No consiguió nada de eso. Sólo pretendiste  imponer tu voluntad. Autoritario. Reaccionando de manera intempestiva cuando no era  satisfecho alguno de tus  caprichos. Nos hundimos cada vez más en un clima de violencia y malhumor. Sobre todo después de aquella noche en que mi madre llegó muy tarde del trabajo y no pudo preparar la cena. Por primera vez la  golpeaste, mientras le gritabas que era una inútil y le ibas a enseñar cómo debía tratarte. Fue el preludio de lo que habría de ocurrir pocos días después. Cuando el brillo de codicia que  varias veces había notado en tu mirada se hizo ya  demasiado evidente. Alentado sin duda  por varios vasos de vino y por la ausencia de mi madre, quisiste saciar de pronto el deseo acumulado día tras día. Abruptamente. Pese a  tener un cuerpo  bastante desarrollado para mis doce años, no tuve fuerzas para contener la violenta arremetida: primero las bofetadas para ahogar cualquier grito y después tus manos desgarrando la ropa y por último los imperiosos empujones hasta desplomarme sobre la cama. Tal vez fueron apenas algunos minutos, debido a tu impaciencia y avidez, pero yo creí estar años enteros allí, petrificada, casi sin atreverme a  respirar,   inmovilizada  por  el  peso implacable de tu cuerpo. Cuando al fin terminaron tus descontrolados movimientos, proferiste la amenaza demoledora, si contás algo de esto, te mato. ¿Te acordás? Aunque el ataque te dejó paralizado y ahora podés respirar gracias a una maraña de tubos y cables, tal vez guardes el recuerdo de aquel hecho. En mi caso, estoy segura de que nada podrá borrármelo. Grabado a fuego. Para siempre. Y sirvió para dejar establecido entre nosotros una especie de acuerdo. Secreto. Inviolable. Por obra de tu drástico  aviso y por el miedo que me impedía revelar lo ocurrido y pedir ayuda. Menos a mi madre. Cada vez más débil, vencida por tantas horas de trabajo, sin demostrar ya demasiado interés por lo que pasaba a su alrededor. Y aprovechaste esa situación. Despótico. Triunfador. Casi todas las noches, cuando el vino y el deseo te enardecían la sangre, penetrabas en mi cuarto. Sigilosamente. Cumpliendo un rito cada vez más rutinario. Meses y meses recibí aterrada tu visita, y sentí las manos ásperas lastimándome la piel, y debí morderme los labios para no estallar en gritos histéricos. La muerte de mi madre marcó el final de eso. Al menos me alejó de vos.  Encontré un amparo salvador en mi tía Rosario y creí que todo empezaría a ser distinto. Más fácil y agradable, sin presiones. No. Tu sombra siguió rondándome y no pude sepultar los vestigios del pasado. Te impusiste. Poderoso. Sin darme un momento de paz. Obsesionado por mantener mi cuerpo oculto, celosamente cubierto, a resguardo de cualquier mirada, como si  mostrarlo significara no sólo una forma de pecado o abominación sino, peor aún, reavivara los instantes que me tenías entre los brazos como simple objeto de placer.  Todo eso se agravó al conocer a Federico. Compartir horas de estudios estableció  entre nosotros una corriente de amistad y afecto. Me aferré a él. Ansiosa. Pero cuando el impulso, la necesidad o el deseo nos unieron por primera vez en un abrazo, se produjo la ruptura. Desaparecieron rápidamente la placidez y el goce al sentir las manos ávidas recorriendo mi cuerpo. Creí que eras vos. Otra vez. Afanoso por someterme. Lo aparté. Violentamente. Después, trastornada por el dolor y la impotencia, me  encerré en mi cuarto. No sé cuánto tiempo permanecí allí, aislada, no tanto en lucha por apartar  escenas hirientes o tratar de hundirme en una zona cálida y sin peligro, sino concentrada en vos. Únicamente. Con todas mis fuerzas. Comprobando poco a poco que  la repulsa, el odio, la indignación acumulados a lo largo de casi ocho años desembocaban en un solo punto: el deseo de vengarme. Nada más claro y definitivo. Sí. Apartarte de mi camino para poder seguir viviendo sin sobresaltos. Supe cómo lograrlo cuando me dijeron que estabas internado por un derrame cerebral. Y aquí estoy. Decidida a probar que ya no me causarás miedo, ni podrás provocarme ningún daño, ni poblarás mis noches con tu figura acechante. De una sola manera: quitándome el escudo con el que siempre intenté resguardarme de tus ataques: la ropa. Ante tus ojos, que es lo único que ahora revela un hálito de vida. Para que me veas a plena luz. Sin sentirme agobiada por la vergüenza. Hacerlo así, lentamente. Primero, la blusa. Tentarte con la visión de los pechos que  tus manos jamás volverán a tocar. Quisiera saber qué sentimientos refleja tu mirada. Tan fija y penetrante. Tal vez persiste algún resabio del deseo enloquecedor de otros tiempos. Regocijarte con mis piernas al quitarme la pollera. Pero sin duda lo mejor será quitar el baluarte que vanamente pretendía conservar  durante aquellas noches que llegabas a mi cama. Fácilmente lo quitabas y, sin defensa, podías gozar victorioso. Ahora puedo sacarme la bombacha por propia voluntad. ¿Ves? Tranquila. Ante tus ojos quietos y desencajados. El desafío que me permitirá romper para siempre todo vínculo con vos. Y el alivio que va invadiéndome ahora sin duda anticipa el placer que podré disfrutar junto a otro cuerpo. Libremente. Por primera vez.

 

sábado, 13 de septiembre de 2014

PREMIO "ALCIDES GRECA" A ANGEL BALZARINO




Silvia Fortuny, residente en Zaragoza, España, lee el cuento Centro de ayuda al suicida:




Video preparado por Macarena Manavella y Martín Oggero como Trabajo Final de la Carrera de Licenciatura en Comunicación Social, cursada en la UCES (Universidad de Ciencias Empresariales y Social), de Rafaela.




jueves, 20 de septiembre de 2012

Noticias




Presentación de un nuevo libro





El  viernes 7 de  agosto  de  2015  fue  presentado  el libro de cuentos Todos amábamos a Virginia  Crespi , de Ángel Balzarino,  en la  Biblioteca  Sarmiento del Centro Empleados de Comercio, colmada de público, en un acto organizado por el Centro Empleados de Comercio de Rafaela y la Editorial de l'aire de Santa Fe.
En la oportunidad, el acto fue conducido por Graciela Cantalejo y el nuevo trabajo fue presentado por Graciela Prieto Rey, responsable de la citada editorial santafesina.
Se trata del libro de cuentos número 12 del prolífico escritor rafaelino sumados a las tres novelas cortas, obras que fueron difundidas en distintos lugares de Argentina y otros países.
Una variada gama de historias presentan los diecisiete cuentos del nuevo volumen. El cúmulo de sentimientos -anhelos, frustraciones, esperanzas, amor, soledad- que aflora a través de cada narración permite apreciar el sesgo ya característico del autor: la indagación psicológica, la visión irónica de algunos hechos, los matices de humor, los desafíos y riesgos que implica el diario vivir.
Y el escenario por donde se movilizan los personajes es el mismo que aparece en sus tres novelas cortas y en la mayoría de sus cuentos: La Florida. Un nombre que se había barajado para asignar a este lugar del oeste santafesino -llamado Rafaela, finalmente- y que adquiere fuerte predominio en el cuento que, además de dar título a este libro, presenta una figura cuya belleza y fragilidad genera el amor de todos. Como respondiendo a las palabras de James Joyce: Nunca había hablado con ella, a excepción de unas pocas palabras ocasionales y, sin embargo, su nombre era como una llamada a todas mis pasiones.                             


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Fotos tomadas en la presentación del libro
TODOS AMÁBAMOS A VIRGINIA CRESPI


Graciela Prieto Rey, Ángel Balzarino, Graciela Cantalejo







Firma de ejemplares


Firma de ejemplares

Raquel Scándalo y Ángel Balzarino

Graciela Cantalejo, Ángel Balzarino, Graciela Prieto Rey


Firma de ejemplares





Vista del público

Carlos Roberto Morán,
escritor y periodista de Santa Fe, 
publicó el 9 de septiembre de 2015
en su Blog Noticias desde el Sur
el siguiente comentario:


Tonos sombríos en los cuentos de "Todos amábamos a Virginia Crespi", de Ángel Balzarino. Entrevista al autor





“Todos amábamos a Virginia Crespi”
Autor: Ángel Balzarino
Ediciones D’el aire. Colección Caleidoscopio. Santa Fe, Argentina, 2015, 166 páginas.
En Argentina: 100 pesos.
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 “Muchas veces, por la característica de los personajes o los hechos que constituyen la historia, no surge la posibilidad de apelar al humor en la medida que me gustaría hacerlo. Y creo que ocurre así en la mayoría de los cuentos” de “Todos amábamos a Virginia Crespi”, el duodécimo volumen que el argentino Ángel Balzarino dedica al género. Como en experiencias anteriores, el escritor acude a diversas voces, al cambio súbito de escenarios y situaciones, para contarnos sus historias cuyo escenario suele ser el de la ciudad en la que vive desde muy joven, Rafaela, llamada “la Perla del Oeste”. Ella, admite el autor, “tiene una presencia bastante fuerte” en su obra.



-A diferencia de lo que hemos venido advirtiendo en sus últimos libros, “Todos amábamos a Virginia Crespi” presenta una selección de cuentos que en su mayoría tienen un tono dramático, quiero decir con cierta ausencia del humor. ¿Eso ha sido premeditado?

-No. Se impuso de manera natural, sin buscarlo ni pretenderlo expresamente. Hace unos cuantos años que el humor predomina en mis trabajos y lo utilizo como un recurso muy eficaz para suavizar algunas cuestiones absurdas o intolerables. Con bastante gratificación pude comprobar que los atisbos de humor en cuentos que plantean graves circunstancias de indigencia, abandono, muerte -como en “Una moneda, por favor”, “Centro de ayuda al suicida” y “Timbre a la hora de almorzar”-, han merecido comentarios y opiniones muy favorables por parte de los lectores. Pero no es fácil o, más bien, no tengo la capacidad para lograr eso en todos los casos. Muchas veces, por la característica de los personajes o los hechos que constituyen la historia, no surge la posibilidad de apelar al humor en la medida que me gustaría hacerlo. Y creo que ocurre así en la mayoría que los cuentos que integran el nuevo libro.

-Además de la soledad de varios de sus personajes, lo que se advierte es la angustia por “aquello” indefinido que parece a punto de hacer daño a los diversos protagonistas. ¿Eso es consecuencia de la simple ficción o se corresponde con su propia visión de la realidad que nos circunda y que, opinión personal, suele mostrarse crecientemente opresiva?

-Coincido con su opinión personal: tengo una visión bastante escéptica y desencantada de la realidad que nos circunda y, sin duda, ello queda plasmado a través de algunos personajes. Pero no puedo determinar con claridad lo que corresponde a la simple ficción y a la propia percepción en los variados sentimientos de soledad, angustia, temor, rebeldía, protesta, que presento y afrontan los hombres y mujeres que participan en el curso de cada historia.

 -Sin ánimo de incurrir en consideraciones macabras, la otra constante del libro tiene que ver con la muerte. ¿Es la mía una lectura demasiado subjetiva o estoy bien encaminado con la afirmación?

-Me parece una observación muy correcta. La muerte, como tantas otras circunstancias, forma parte de nuestra existencia. Y cada vez que debo abordarla en el desarrollo de una historia, procuro relegar consideraciones demasiado dramáticas o macabras y, en la medida de lo posible, otorgarle un condimento de ironía, desparpajo y humor, como lo hice en varios cuentos. Pero tal vez en este nuevo libro se presenta en forma más directa y descarnada.

 -Según parece, todos aparte de amar quieren saber quién es la Virginia Crespi que da título al libro. ¿Puede contar algo sobre esa mujer, tan atractiva al parecer, o prefiere que el lector saque sus conclusiones?

-Como ningún otro, el título de este libro suscitó, desde el momento de ser difundido, inmediatas y variadas reacciones. Tal vez la más notoria y compartida por muchas personas fue cuestionar el título al considerarlo erróneo, pues  expresaban “que no conocían a Virginia Crespi y, por lo tanto, no podían amarla”. Otra planteó el dilema de saber si se trataba de un personaje de ficción o una mujer real y, en tal caso, si vivía actualmente o pertenecía a un tiempo pasado. Yo me permití aportar otra alternativa cuando, un día antes de la presentación del libro, me hicieron un reportaje por una radio local. Luego de intercambiar unas palabras con el conductor del programa, un corte de luz interrumpió la transmisión. Cuando seis o siete minutos después pudimos seguir hablando, le manifesté que tal vez lo ocurrido no había sido un inesperado desperfecto de la empresa de energía sino, más bien, podría haberse tratado de un atentado cometido por algún novio o marido celoso que pretendía evitar la presentación del libro y que se conocieran públicamente todos los secretos de Virginia Crespi. Tampoco el epígrafe del libro, con palabras de James Joyce, logra despejar completamente el enigma: Nunca había hablado con ella, a excepción de unas pocas palabras ocasionales y, sin embargo, su nombre era como una llamada a todas mis pasiones. Por lo tanto, sin duda lo mejor será que cada lector descubra quién es esta mujer y entonces, quizá, también pueda llegar a amarla.  


Rafaela es el centro

-Cuente ahora sobre los cuentos: ¿Pertenecen todos a la misma época? ¿Cuál es, en general, su método de trabajo? ¿Por qué no “salen” esos relatos del ámbito, considerablemente reconocido, de Rafaela?

-Los cuentos que integran el libro pertenecen a diversas épocas. La mayoría de los cuentos nuevos han sido escritos en los últimos dos o tres años. Aunque el cuento más  extenso y que da título al libro -Todos amábamos a Virginia Crespi-, data, en su primera versión, de mediados de 2011. También, tal vez por la complejidad de la trama y las variadas voces que narran la historia, me demandó mucho trabajo y reiteradas correcciones  en el curso de este tiempo. Los cuentos publicados con anterioridad -seis de los diecisiete que componen el libro- pertenecen a ediciones prácticamente agotadas. Pero quizá el hecho más curioso o llamativo lo constituye la inclusión de “Un tigre me persigue”, un cuento que obtuvo en 1984 el primer premio en el concurso de cuentos organizado por el Tiro Federal y Deportivo Morteros, Córdoba, con el auspicio de la Municipalidad, el diario “La Voz” y Radio Centro, ya que desde entonces -durante 31 años- permaneció inédito. Advertí esta circunstancia, con bastante asombro, al seleccionar los cuentos para el nuevo libro, y entonces me pareció oportuno incluirlo.   
En cuanto al método de trabajo es el mismo que practico casi desde el momento que comencé a escribir. Necesito elaborar mentalmente la obra. Luego hago un breve detalle -una o dos páginas- de las características de los personajes, las diversas situaciones que reflejará la historia y, sobre todo, el modo como ocurrirá el desenlace. De manera que después, con la seguridad de poseer todos los elementos necesarios para concretar mi propósito, puedo desarrollar integralmente un cuento o una novela.
En cuanto a Rafaela, efectivamente, su presencia (así como de la zona de influencia), acepto que tiene una vigencia bastante fuerte a través de mi obra. Tanto en la evocación de la llegada y radicación de los primeros inmigrantes piamonteses como al recrear seres y episodios que forman parte de la realidad actual. El escenario por donde se movilizan los personajes es casi siempre el mismo: La Florida. Un nombre que se había barajado para asignar a este lugar del oeste santafesino -llamado Rafaela, finalmente- y que adquiere destacado predominio en Todos amábamos a Virginia Crespi, el cuento que da título al nuevo libro.

 -Y cuente, por fin,  quiénes  son hoy los autores que más le significan, que más lo “acompañan” como autor.

-De las primeras e intensas lecturas fueron surgiendo autores a los que -por admiración, por incrementar en forma incesante mis conocimientos, por el placer inefable generado por sus obras- sigo releyendo siempre. Entre los que me acompañan de manera más cálida y cercana, puedo mencionar a Jorge Luis Borges, William Faulkner, Juan Carlos Onetti, Julio Cortázar, Raymond Carver, John Cheever y, entre los más recientes, a Tobías Wolff, un extraordinario cuentista norteamericano, a Roald Dahl -a quien “llegué algo tarde”, como le ocurrió a Elvira Lindo, escritora española, según expresa en el prólogo a la edición de sus Cuentos Completos-, y a Alice Munro, Premio Nobel 2013, de la cual estoy disfrutando sus impecables cuentos actualmente.
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En “Virginia Crespi” Balzarino muestra a personajes solitarios, muchas veces obsesionados por espejismos creados por su mente (el cuento que da título al libro), en otros casos asediados por fuerzas que no pueden controlar (“La mancha”, “Un tigre me persigue”). Recuerdos de un pasado ominoso que, aunque cada día más distante, sigue pesando en el colectivo emocional de los argentinos (“Antes del primer grito”, “Hacia la noche”, “Alteración en la calle”), formas de la venganza (“Encuentro a las diecinueve”, “Un trozo de carne, simplemente”), los hechos innobles y violentos, tan propios de nuestros días (“La muchacha del kiosco”, “Menos de tres minutos”), nostalgias por lo que no fue (“El recuerdo de Julieta y un acordeón repentinamente triste”), vale decir, una temática diversa informa a estos textos que, como ha explicado el autor, responden a distintas épocas de su incesante quehacer literario.

Es cierto que nos convencen más sus cuentos de cronología lineal, una única voz y el humor corrosivo que suele acompañarlo (como ocurriera con “Timbre a la hora de almorzar” o “Centro de ayuda al suicida”), pero esta vez el autor ha optado por tonos más sombríos. Otra forma de expresar su mundo.

 “No. Ya no ocurrirá nada de eso. Ahora, como para revelarnos de que ha concluido tan luminosa etapa, poco antes de las siete, cuando las primeras campanadas llaman a misa, aparece Clotilde Macario o las hermanas Blasco o Zulma Zapattini, o todas juntas, hieráticas, casi sin disimular una sonrisa de satisfacción. Como si llevaran a cabo una ceremonia de la que nadie debía perder ningún detalle, dejan caer algunas monedas en la caja de don Batista, sumamente caritativas”.

Datos para una biografía
Ángel Balzarino nació en 1943 en Villa Trinidad, provincia de Santa Fe, Argentina, y desde 1956 reside en Rafaela. Ha publicado doce libros de cuentos: “El hombre que tenía miedo” (1974), “Albertina lo llama, señor Proust” (1979), “La visita del general” (1981), “Las otras manos” (1987), “La casa y el exilio” (1994), “Hombres y hazañas” (1996), “Mariel entre nosotros” (1998), "Antes del primer grito" (2003), “El hombre acechado” (2009), “La sangre para ellos son medallas” (2011), “Timbre a la hora de almorzar” (2013) y “Todos amábamos a Virginia Crespi” (2015), así como tres novelas: “Cenizas del roble” (1985), “Horizontes en el viento” (1989) y “Territorio de sombra y esplendor” (1997). Varios de sus trabajos figuran en diversas antologías, tanto de Argentina como del exterior, muchos de sus cuentos circulan en Internet y ha recibido varios premios y distinciones, el último de los cuales es el “Alcides Greca” 2014, por obra editada (por su libro “La sangre para ellos son medallas”). Su cuento “Rosa” se encuentra incluido en ediciones de libros para estudiar el castellano, en Estados Unidos.
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Comentario publicado en la edición del jueves 08 de octubre de 2015 
en el Diario El Litoral, de Santa Fe.

Cómo se juegan las pasiones

Por Patricia Severín

“Todos amábamos a Virginia Crespi”, de Ángel Balzarino, Editorial de L’aire. Santa Fe, 2015.

Ángel Balzarino, Premio Provincial de Literatura 2014 -por obra édita-, nos entrega un nuevo volumen de cuentos, esta vez presentado por De L’aire, con impecable diseño de Álvaro Dorigo y Noelia Mellit.
Balzarino talla sus personajes con profundidad de artesano, y su escritura va cavando, paso a paso, en la complejidad psicológica de los mismos. Indaga con maestría sus laberintos emocionales hasta extraer, de cada uno de ellos, los sentimientos más oscuros. Traiciones, odios, venganzas, celos... no hay pasión humana que el autor no desoville, con minuciosidad, en estos diecisiete cuentos. Parecería que el destino se empeña, una y otra vez, en socavar los destellos de esperanza de sus criaturas: un hombre vencido y a las puertas de la ancianidad, logra un brevísimo chispazo de vida al conocer a la chica del kiosco; otro hecho fortuito (un perro que cae al vacío desde un noveno piso) provoca en la ciudad confusión, muerte y temores, que desencadenan extravagantes y agresivas actitudes. En “La mancha”, una pavorosa realidad se apropia de los habitantes de la casa; “Ellos, al acecho” muestra cómo una joven provocativa logra atraer su propia desgracia; “Antes del primer grito” es el angustioso parto de una madre en una cárcel clandestina. Personajes que se cruzan, alteran sus vidas y desaparecen, como en “La culpa sobre nosotros”. Hablan de encuentros, desencuentros y pecados, que muchas veces vienen de lejos, de otras generaciones, para seguir arrastrando su sino en las actuales. “Hacia la noche” es una urdimbre de voces que entrecruzan el relato sin necesidad de ninguna identificación previa. De las actitudes de los personajes se desprende quiénes son, unos y otros, y cuáles sus intenciones. Este cuento marca la oscuridad hacia donde se desbarrancan los personajes de casi todos los relatos del libro. Es la noche del alma: no se encuentra paz ni sosiego pues se encadenan acciones repudiables. Éstas se consolidan en el último de los cuentos que da título al volumen- “Todos amábamos a Virginia Crespi” y que podemos resumir en la conocida cita: “No nos une el amor sino el espanto”
Balzarino tiene gran pericia para introducir y reiterar distintas voces en el relato, intercalando así sus historias. A veces pareciera que se están leyendo los pensamientos de los personajes simultáneamente: el autor maneja el pasaje de la primera a la tercera persona de manera impecable, dándole así suma agilidad a la prosa.
Al igual que Balzac en su “Comedia Humana”, Balzarino, situado en su mítico pueblo de “La Florida” da vida a estos seres cotidianos que interactúan mostrando el devenir de una época donde la crueldad, la miseria y el egoísmo, prevalecen por sobre la solidaridad, la ética, la generosidad.
Gran narrador del infierno que se desata en los corazones humanos, cuando la pasión se desboca en caída libre hacia la noche.



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      Fondo Editorial Municipal de Rafaela

El martes 21 de octubre, en la galería del Museo Histórico Municipal, tuvo lugar el anuncio del resultado de la convocatoria del Fondo Editorial Municipal del año 2014 en un acto encabezado por el secretario de Cultura Marcel Allasino.
El Jurado, integrado por Norma Segades, Belkys Larcher de Tejeda y Carlos Antognazzi, otorgó el Primer Premio a la obra Archivos de Altazar, de Matías Aimino, y el Segundo Premio al  libro de cuentos Todos amábamos a Virginia Crespi, de Ángel Balzarino.
El acta del Jurado también consignó: "la importancia de contar con un Fondo Editorial, que permite la publicación del libro, y contribuye al desarrollo de la literatura de la ciudad".
Marcelo Allasino expresó su agradecimiento a los participantes y jurados de la convocatoria, haciendo especial hincapié en los ganadores: "Me siento muy feliz con los resultados. Tanto Matías como Ángel son dos hombres comprometidos con las letras en la ciudad, y ambos cuentan con una importante trayectoria".

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Premio Provincial de Narrativa

“Alcides Greca” 2014


El jurado integrado por Elvio E. Gandolfo, Carlos Roberto Ríos y Eugenia Almeida, designado por el Ministerio de Innovación y Cultura de Santa Fe, otorgó el Primer Premio Provincial de Narrativa “Alcides Greca”, edición 2014, en la categoría obras editadas, a la obra La sangre para ellos son medallas.





El jurado destaca que los cuentos de esta antología escenifican los modos de la violencia y sus efectos, en el laberinto indiviso de víctimas y victimarios. Descubre así la refracción de la violencia social que opera en un suceso íntimo, comunicando con solvencia profesional temas muy diversos, incluyendo los relatos históricos.

La sangre para ellos son medallas. La Plata, Ediciones Al Margen, 2011.



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La entrega del Premio Provincial de Narrativa “Alcides Greca”, edición 2014, se llevó a cabo el martes 12 de agosto de 2014 en la sede del Museo Rosa Galisteo, de la ciudad de Santa Fe, en un acto presidido por la doctora María de los Ángeles González, Ministra de Innovación y Cultura de Santa Fe.
El jurado integrado por Elvio E. Gandolfo, Carlos Roberto Ríos y Eugenia Almeida, resolvió otorgar el primer premio de la categoría obras editadas a La sangre para ellos son medallas, de Ángel Balzarino.
Para la categoría obras inéditas, el premio fue para Luces de Navidad, presentada bajo el seudónimo Correa, del escritor Francisco Bitar. El premio consistirá en la publicación de la obra en la colección "Los Premios" que edita el Ministerio de Innovación y Cultura junto con la Universidad Nacional del Litoral bajo el sello Ediciones UNL.





Ángel Balzarino y Dra. María de los Ángeles González




Dra. María de los Ángeles González y Francisco Bitar 





Ángel Balzarino, Dra. María de los Ángeles González y Francisco Bitar





Desayuno ofrecido por la Ministra de Innovación y Cultura de Santa Fe





Desayuno ofrecido por la Ministra de Innovación y Cultura de Santa Fe




Ángel Balzarino y Francisco Bitar premiados en Santa Fe





La provincia de Santa Fe otorgó los premios de narrativa “Alcides Greca”, resultando ganadores los escritores Ángel Balzarino (foto), en obra editada, por su libro “La sangre para ellos son medallas”, publicado por Ediciones al Margen, y Francisco Bitar, por su inédito “Luces de Navidad”.
Respecto de Balzarino, escritor afincado en la ciudad santafesina de Rafaela y sobre quien varias veces hemos hablado en este blog, el jurado integrado por Elvio Gandolfo, Carlos Roberto Ríos y Eugenia Almeida ha destacado que los cuentos que integran su libro “escenifican los modos de la violencia y sus efectos en el laberinto indiviso de víctimas y victimarios” y que “descubre así la refracción de la violencia social que opera en un suceso íntimo, comunicando con solvencia profesional temas muy diversos, incluyendo los relatos históricos”.
En cuanto a Bitar, quien se presentó con el seudónimo de Correa, el mismo jurado destacó que el libro revela “una voz narrativa sólida, transparente y ajustada, muy fiel a las historias que propone”, añadiendo que “en cada cuento la complejidad de las relaciones interpersonales de personajes tomados de la vida cotidiana es captada, con eficacia infrecuente, desde el mundo apenas visible de los detalles” y que “el autor desarrolla distintas temáticas con buen manejo del espacio y de las velocidades del relato”.
Balzarino tendrá una compensación en metálico, en tanto que para la categoría inédito está prevista la publicación de la obra, en la colección "Los Premios" que edita el Ministerio de Innovación y Cultura junto con la Universidad Nacional del Litoral bajo el sello Ediciones UNL.
Balzarino nació en 1943 (cumplió años ayer) en la localidad santafesina de Villa Trinidad y desde los 13 años reside en Rafaela. Ha publicado los libros de cuentos: "El hombre que tenía miedo", "Albertina lo llama, señor Proust", "La visita del general", "Las otras manos", "La casa y el exilio", "Hombres y hazañas", "Mariel entre nosotros", "Antes del primer grito", "El hombre acechado", "La fama de Clodomiro", "La sangre para ellos son medallas" y "Timbre a la hora de almorzar" y las novelas "Cenizas del roble", "Horizontes en el viento" y "Territorio de sombras y esplendor". Ha participado en antologías publicadas en Estados Unidos, México, Reino Unido y Argentina y a lo largo de su carrera literaria ha obtenido una importante cantidad de premios y reconocimientos. En 1996, en Rafaela se lo distinguió como personaje cultural del año.


Bitar (foto) nació en la ciudad de Santa Fe en 1981. Es licenciado en Letras y publicó los poemarios “Negativos”, “El Olimpo” y “Ropa vieja: la muerte de una estrella”, así como la novela “Tambor de arranque”, que obtuvo el premio Ciudad de Rosario. Tradujo a escritores norteamericanos y participó en las ediciones de “Trabajo nocturno. Poemas completos de Juan Manuel Inchauspe” y “30.30. Poesía argentina del siglo XXI”. Cuentos y poemas de su autoría integran diversas antologías y fueron traducidos al inglés y el alemán. El año pasado le fue concedida la Beca del Fondo Nacional de las Artes.
Felicitaciones a ambos.

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                                        Presentación de un nuevo libro




            Los cuentos que integran este libro fueron escritos en diversas épocas. Las historias abordadas reflejan las vertientes que han ido nutriendo el quehacer literario del autor: personajes y episodios relacionados con la historia nacional; los primeros años de la colonización en nuestra región; los conflictos de hombres y mujeres. El drama, la fantasía, el absurdo y un humor muchas veces corrosivo, son los registros que pueblan estas narraciones. En todas prevalece el propósito de indagar en el corazón del hombre para tratar sus facetas fundamentales: el amor, la soledad, el odio, la esperanza, el dolor, la muerte. Más allá de la variedad de los textos, se percibe una génesis común: la pasión, que es la que impulsa al autor a la creación de su obra. Como bien lo expresa desde el epígrafe, con las palabras de Borges: No se puede contemplar sin pasión. Quien contempla desapasionadamente, no contempla.

            Organizado  por  la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Rafaela, el Centro Empleados de Comercio de  Rafaela y la Editorial Palabrava de Santa Fe,  se realizó un acto durante el cual fue presentado el libro de cuentos “Timbre a la hora de almorzar”, de  Ángel Balzarino.
            El acto se llevó a cabo el viernes 13 de septiembre de 2013, a las 19:45, en la Biblioteca “Sarmiento”, del Centro Empleados de Comercio, Güemes 144, de Rafaela.
            
            Este libro corresponde al número 7 (primavera de 2013) de la Colección  “Las 4 Estaciones de la Palabra”,  un emprendimiento que llevan a cabo la Editorial Palabrava y el Diario El Litoral de Santa Fe. El mismo consiste en la publicación anual de cuatro libros de autores santafesinos (al inicio de cada una de las estaciones del año) y su distribución masiva junto con el diario mediante la modalidad de “venta opcional”, a un precio accesible.


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Alicia Barberis, Graciela Prieto Rey, Ángel Balzarino,
Patricia Severín y Marcelo Allasino

Ángel Balzarino
                                               
Vista del público en la Biblioteca Sarmiento


EL NUEVO LIBRO DE ÁNGEL BALZARINO
“Timbre a la hora de almorzar” fue presentado en Rafaela
La nueva obra integra la colección “Las cuatro estaciones de la palabra”, de Editorial Palabrava.
Ante una nutrida cantidad de público que colmó las instalaciones de la Biblioteca Sarmiento se desarrolló el cálido acto de presentación. Balzarino agradeció con emotivas palabras, no exentas de dosis de humor. Foto: M&G Fotografías
De la redacción de El Litoral
El escritor rafaelino Ángel Balzarino presentó el libro de cuentos “Timbre a la hora de almorzar”, que tiene el apoyo y auspicio de la Municipalidad de Rafaela. La nueva obra del querido escritor -tal como quedó demostrado en el acto- forma parte de la colección “Las cuatro estaciones de la palabra” de la editorial santafesina Palabrava, que se edita junto con El Litoral.
Muchísima gente en el acto. Afuera, el frío calaba hondo; adentro, en la bellísima biblioteca, el ámbito resultaba pequeño para la enorme cantidad de gente que asistió a la cita. La apertura del entrañable acto, caracterizado también por el humor, estuvo a cargo del secretario de Cultura del municipio, Marcelo Allasino, quien resaltó que “presentar el libro de este consagrado escritor es para nosotros un verdadero motivo de orgullo, si tenemos en cuenta que es uno de los grandes de la ciudad y que, esencialmente, decidió quedarse entre nosotros”. Además, Graciela Prieto Rey y Alicia Barberis se refirieron a la formación, objetivos y tarea que desarrolla la Editorial Palabrava. Patricia Severín efectuó la presentación del libro y promovió un diálogo abierto con el autor y el público.
La obra
El título del libro es uno de los cuentos. Ángel Balzarino mencionó que este libro “recopila unos cuantos cuentos que yo venía haciendo desde hace tiempo y abarca diversas temáticas. Un poco la vertiente histórica en nuestro país, la colonización en Rafaela, el humor, el drama... Además, hay otros cuentos que apelan al humor”.
En relación a sus sentimientos, Balzarino dijo que “es una alegría poder concretar lo que uno está haciendo. Es un trabajo silencioso y largo, y cuando uno concreta la edición es llegar a culminar un proceso que es muy estimulante”.
Por su parte, y a modo de cierre, calificó a su libro como “una especie de antología de cuentos que estuve haciendo en los últimos tiempos, y se me ocurrió que éste era un buen título para este libro”, expresó.
Como cierre de la presentación, Ana Piovessano, Venus Barbotti y Eugenia Schonhals, alumnas de flauta traversa de la Escuela Municipal de Música Remo Pignoni, a cargo de la docente Verónica Valle, interpretaron tres obras del Renacimiento. Fueron largamente aplaudidas.
La noche finalizó con una cena tributada en homenaje a Balzarino, que transcurrió en un clima de cálida camaradería.
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Nota publicada el 5 de septiembre de 2013 en el Diario El Litoral, de Santa Fe.

“Timbre a la hora de almorzar” es el nuevo libro de Palabrava.
“Casi todas las historias están protagonizadas por hombres y mujeres que, con dificultad, turbación y muchas veces impotencia, deben afrontar situaciones de riesgo y sobresalto”, adelanta el autor.
De la Redacción de El Litoral
De prolífera trayectoria y notable reconocimiento nacional e internacional, Ángel Balzarino lleva publicados trece libros. En esta oportunidad, Editorial Palabrava presenta una antología de sus cuentos: “Timbre a la hora de almorzar”.
“Los cuentos que integran este libro fueron escritos en diversas épocas”, se afirma en la contratapa de esta cuidada edición. “Las historias abordadas reflejan las vertientes que han ido nutriendo el quehacer literario del autor: personajes y episodios relacionados con la historia nacional; los primeros años de la colonización en nuestra región; los conflictos de hombres y mujeres. El drama, la fantasía, el absurdo, un humor muchas veces corrosivo, son los registros que pueblan estas narraciones. En todas prevalece el propósito por indagar en el corazón del hombre para tratar sus facetas fundamentales: el amor, la soledad, el odio, la esperanza, el dolor, la muerte. Más allá de la diversidad que se puede advertir en estos textos, prevalece sin duda la génesis común que impulsó al autor en la creación de cada uno: la pasión. Plenamente de acuerdo con lo expresado por Jorge Luis Borges: no se puede contemplar sin pasión. Quien contempla desapasionadamente, no contempla”.
Procesos creativos
—¿Cómo es el proceso creativo de sus cuentos?
—El primer paso consiste en elaborarlo mentalmente. Luego hago una reseña con las características de los personajes y de los hechos principales. Esto me confiere un panorama bastante claro de la historia, para luego escribirla, desarrollarla, corregirla, con mayor confianza y seguridad. Este proceso me demanda un prolongado trabajo de varios meses.
—¿Cómo incide la realidad en su forma de escritura?
—La realidad suele incidir en algunos de mis textos -tanto hechos actuales como de personajes y episodios vinculados con segmentos históricos-, ello no implica que me sienta atado a ninguna fórmula o premisa previa a la hora de crear. Los hechos y personajes que la realidad suele proveerme -a través de un documento histórico o una noticia-, los trabajo para conseguir una mejor creación literaria.
—Algunos cuentos vislumbran momentos de la historia argentina, ¿cómo se entrelaza en su escritura el relato histórico con lo ficcional?
—Coincido con Marco Denevi cuando expresó: “Si nosotros supiéramos del ser humano a través de lo que recoge la historia, e incluso las ciencias, sabríamos muy poco. La literatura colma el vacío porque se ubica en el plano individual, en el hombre concreto de carne y hueso”. Eso es lo que procuro hacer cada vez que he incursionado en personajes históricos: tratarlos como seres que en un momento determinado se vieron arrastrados por la violencia, dieron prueba de coraje, sobrellevaron la soledad y el dolor, enfrentaron la muerte, conocieron el gozo del amor.
La recreación literaria me ha permitido abordar cuestiones que no pude encontrar en la investigación histórica: un sueño de Lavalle; el estado de tensión y remordimiento que sobrelleva Cipriano Catriel luego de traicionar a sus hermanos de raza; los diversos aspectos de la vida cotidiana del formador de la colonia Rafaela -convertido en protagonista de mi novela “Territorio de sombras y esplendor”-, con sus flaquezas y caprichos. Más allá de la época en que ocurran los hechos, lo que me interesa, a través de cada obra, es indagar en el corazón del hombre.
Pasiones
—¿Qué conceptos o valores subyacen en sus textos?
—Generalmente procuro reflejar los diversos motivos -frustración, descontento, repudio-, por los cuales mis personajes no consiguen adaptarse al ámbito de la familia, del trabajo o del sitio en que se encuentran. Casi todas las historias están protagonizadas por hombres y mujeres que, con dificultad, turbación y muchas veces impotencia, deben afrontar situaciones de riesgo y sobresalto. De ahí el anhelo que experimentan por acabar con el conflicto a través de cualquier alternativa -casi siempre violenta- que les confiera paz o liberación.
—¿Por qué elige el cuento como género narrativo?
—Desde el momento en que comencé a escribir opté por la narrativa y, fundamentalmente, por el cuento. Aunque he incursionado en la novela corta, el cuento ejerce un atractivo prácticamente irresistible. Su construcción requiere un trabajo intenso y exigente, afrontarlo tiene casi el carácter de un desafío. Por eso, cada vez que termino un cuento y tengo la íntima convicción de que ha quedado bien construido o, siquiera, tiene una mínima dignidad, experimento la satisfacción de haber superado una prueba difícil pero plena de fascinación.
—¿Cómo fue la selección de cuentos para este libro en particular?
—Ante la propuesta de las editoras de efectuar una selección de mis obras, este libro está integrado por los cuentos que considero más logrados, teniendo, varios de ellos, el respaldo de haber sido premiados o seleccionados para figurar en antologías y revistas publicadas en el exterior. Escritos en diversas épocas, estos textos muestran las vertientes -históricas, cotidianas, fantásticas- que a lo largo de los años nutrieron mi quehacer literario.
—¿Qué significa la publicación de este libro en su carrera literaria?
—Tiene una profunda significación. En primer término, por el hecho de que Editorial Palabrava me haya convocado para participar en la colección Las 4 Estaciones de la Palabra, en la que ya se publicaron obras de otros autores de nuestra provincia. Además, al ser distribuido junto a El Litoral, el libro tendrá sin duda una amplia difusión que contribuirá de manera positiva y llegará a una gran cantidad de lectores. En este sentido, quiero manifestar mi sincera gratitud y reconocimiento por confiar en mí.
  • Se trata de una antología de cuentos del autor Ángel Balzarino, de Rafaela. La obra forma parte de Las 4 Estaciones de la Palabra, colección de Editorial Palabrava que se distribuye con El Litoral.
El autor
  • Ángel Balzarino nació en 1943 en Villa Trinidad, Santa Fe. Desde 1956 reside en Rafaela. Ha publicado diez libros de cuentos: “El hombre que tenía miedo” (1974), “Albertina lo llama, señor Proust” (1979), “La visita del general” (1981), “Las otras manos” (1987), “La casa y el exilio” (1994), “Hombres y hazañas” (1996), “Mariel entre nosotros” (1998), “Antes del primer grito” (2003), “El hombre acechado” (2009) y “La sangre para ellos son medallas” (2011); tres novelas: “Cenizas del roble” (1985), “Horizontes en el viento” (1989) y “Territorio de sombras y esplendor” (1997).
Varios de sus trabajos figuran en ediciones colectivas. Obtuvo numerosas distinciones por su actividad literaria; entre ellas, el premio Mateo Booz (1968), premio Jorge Luis Borges (1976), Premio Anual por el Bienio 1976-77 de la Asociación Santafesina de Escritores, Mención Especial en el género narrativa Premio Alcides Greca (1984) de la Subsecretaría de Cultura de la Provincia; Premio Fondo Editorial años 1986-1995-1996 de la Municipalidad de Rafaela y Faja de Honor 1996 y 1998 de la Asociación Santafesina de Escritores.
Editorial Palabrava
  • En el marco de la colección ya se han publicado las siguientes obras: “El infierno de los vivos”, de Alicia Barberis; “El centro de la gravedad”, de Enrique Butti; “Historia del mago y la mujer desesperada”, de Carlos Roberto Morán; “Ojo por diente”, de Sara Zapata; “Salir de cacería”, de Patricia Severín y “Crónicas del Hombre Alto”, de Alfredo Di Bernardo. El arte de tapa de “Timbre a la hora de almorzar” es obra del creador rafaelino Nico Sara.


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El cuentista y las sorpresas
Comentario de Olga Zamboni publicado el jueves 14 de noviembre de 2013 en el Diario El Litoral, de Santa Fe.
 CCc
Editorial Palabrava, en la casi culminación de dos años de admirable labor para difundir la literatura santafesina, acaba de editar Timbre a la hora de almorzar del prolífico y reconocido autor rafaelino Ángel Balzarino, cuyas multipremiadas obras son leídas y estudiadas no sólo en el país sino también en el exterior.
Esta entrega de catorce cuentos pone a la vista nuevamente su “oficio” de narrador, en el peculiar estilo y la variedad temática que lo caracteriza, su talento en la contundencia de los desenlaces y la polifonía de voces, recursos conocidos de sus obras anteriores. Sus personajes, extraídos de lo cotidiano, hacen de lo corriente una aventura y, al ser atrapados por Ángel, brillan con luz propia en cada relato.
Marco Denevi decía que “el cuento es un poco asomarse a algo: descubrirlo en el momento en que sucede y luego retirarse”. Yo diría que Balzarino se asoma al suceso en el momento justo para hacerlo desembocar en un final sorpresivo, que da vuelta el argumento y viene a resultar lo opuesto de lo que apuntaba desde el principio. Situaciones, personas, instituciones, de las cuales cabía esperar una determinada postura, devienen en “otra cosa”. Es la “vuelta de tuerca” que transforma a un potencial enemigo en alguien que da la mano; en amante a la que hasta entonces semejaba una rival; a alguien que consuela, en un ayudante para morir; al hijo buscavidas de la familia, en un agresor del propio padre, para la sobrevivencia de todos. Así, en “El hombre de negro”, “Betty”, “Centro de ayuda al suicida”, “Una moneda, por favor”. Algunos de estos cuentos ya los conocía: ellos ofrecen la demostración más convincente de que “nada es lo que parece”. En “El largo viaje de la señorita Malbrán”, la sorpresa final sacude a una comunidad pueblerina chismosa y murmuradora y su efecto llega al lector; en “La visita del general” escudriña la mente de un héroe de la Historia Argentina. Las incidencias nos llevan a ir pensando en su probable identidad cuando el final, súbitamente, todo lo cambia.
La maestría del cuentista consiste en “engañar” al lector para luego sorprenderlo. Recuerdo “A la deriva” el famoso cuento en el que Horacio Quiroga nos “engaña” con la aparente mejoría del hombre enfermo que busca ayuda en su canoa para llevarnos al final abrupto de la muerte. Esta nota se da en mayor o menor medida en la totalidad de los cuentos de este libro de Ángel Balzarino, cumpliendo así con aquella convención de que, especialmente el cuento breve, debe tener un desenlace inesperado.
Otro rasgo común es un cierto aire a veces muy leve -típico balzariniano- de humor negro o blanco, ironía, hasta sarcasmo, que planea sobre los relatos.
El uso de la tercera y primera personas narradoras, a veces en el mismo párrafo, de ninguna manera resulta una confusión para el lector, sino que por el contrario le da movilidad al texto.
Por entre letras y formas, vemos hombres y mujeres en el constante fluir de lo humano y sus circunstancias: dolores, decepciones, esperas, pasiones ocultas y de pronto desembozadas, sentimientos que afloran, nobles o perversos, libres u obligados por las circunstancias personales, en el juego tan arduo y extraordinario del cotidiano vivir.
                                                                            ***


Editorial Palabrava presenta
“Historia del mago y la mujer desesperada”


El libro de cuentos de Carlos Roberto Morán es la tercera entrega de la colección “Las cuatro estaciones de la palabra”






El martes 25 de septiembre saldrá a la venta el tercer libro de “Las cuatro estaciones de la palabra”, proyecto impulsado por la editorial independiente Palabrava y el Diario El Litoral. Para la estación primavera, Carlos Roberto Morán presenta su libro de cuentos “Historia del mago y la mujer desesperada”.

Ésta es la tercera entrega de la colección, que ya cuenta con la estación otoño que fue el libro “El infierno  de los vivos”, de Alicia Barberis y “El centro de la gravedad”, de Enrique Butti, que corresponde a la estación invierno.

El costo del libro es de $ 18,90 con el cupón del diario, o $ 40,00 sin el cupón.


Los cuentos


En estos cuentos Carlos Roberto Morán indaga en lo desconocido y logra hacer verosímil aquello que no lo parece: nos acerca lo inexplicable a través de sus historias. Un mago que ya no ejerce pero que vuelve a hacerlo y se encuentra con una mujer que lo trastorna; una mujer, Morena, se desliza en una fotografía de manera incomprensible; un hombre, deja una valija repleta de sueños, olvidada en un bar; un carnicero se ve enfrentado a la ferocidad del hoy; un político comienza a mutar sus facciones hasta volverse un pez, y sin embargo, nadie parece darse cuenta.

En otros relatos, el autor logra mostrarnos aspectos de nuestra realidad, tan crueles y violentos como ciertos. Sin identificaciones geográficas precisas, los comportamientos, las situaciones, calles y lugares, la reiterada presencia del agua, hablan sin hablarnos explícitamente de lo que podría ser nuestro territorio y nuestro tiempo.

Con precisión en el detalle, el autor busca comprender, interpretar, el alma humana y nos regala catorce cuentos, catorce mundos.


El autor

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Carlos Roberto Morán (Santa Fe, 1942), publicó los libros de cuentos “Territorio posible” (México, 1980), “Noticias desde el sur” (México, 1986), “Noticias de Sergio Oberti” (Argentina, 1990) y “Ella cuenta sobre el mar” (Argentina, 2006). Sus trabajos han aparecido en antologías y publicaciones de Argentina, México, España, Bulgaria y Polonia. Recibió distintos premios y distinciones y la revista “Cultura de Veracruz”, de México, le dedicó un número homenaje en 2008.

Como periodista, trabajó en las emisoras LT9 y LT10, en los desaparecidos diarios “Nuevo Diario” y “Hoy en la Noticia” y en la sucursal Santa Fe de “La Capital” de Rosario.


Proyecto editorial

Palabrava es una editorial independiente creada y dirigida por Patricia Severín, Graciela Prieto y Alicia Barberis, que se basa en la revalorización del trabajo creativo y en el reconocimiento del autor y su obra, con una justa retribución económica en concepto de derechos de autor.

Dentro de los objetivos más importantes que sustentan este proyecto, figuran el estimular a niños, jóvenes y adultos en su camino a la lectura; y difundir la obra literaria y la biografía de autores y autoras santafesinos en todos sus géneros.

Uno de sus proyectos es “Las 4 estaciones de la palabra”, que consiste en la publicación de cuatro libros anuales, que se distribuyen junto al Diario El Litoral, al inicio de cada una de las estaciones (otoño, invierno, primavera y verano), como forma de estimular la lectura y difundir a los autores de nuestra provincia.



Noticia publicada por el diario La Opinión, de Rafaela, el 18 de julio de 2012:

A través del asociativismo se favorece a los escritores

Tres escritoras pusieron en marcha Palabrava, con la finalidad de favorecer a los escritores santafesinos, la propuesta marcha, por el momento a través de la producción de cuatro obras anuales, una de las cuales coresponderá al rafaelino Angel Balzarino.
Los escritores, y muy especialmente los del interior  se ven sujetos a muchos inconvenientes para ver plasmada su obra, y además se encuentran ante realidades que van en desmedro del propio creador, tres escritoras santafesinas, buscando  una solución han encarado un emprendimiento, y aprovechando su visita a Rafaela, con motivo del Festival de Teatro, se acercaron a nuestra Redacción para difundir su actividad, y muy especialmente, porque en el mismo, está inmerso un querido creador local, Ángel Balzarino. Tres escritoras de nuestra provincia, una rafaelina de origen, Patricia Severín, hoy radicada en la capital provincial, otra oriunda de Santa Clara de Buena Vista, Alicia Barberis, también radicada en Santa Fe y Graciela Prieto, oriunda de la capital provincial,  para hacer frente a estos inconvenientes y tratar de facilitar la cosa, para sus producciones y de otros colegas santafesinos, decidieron encarar un proyecto editorial, al que llamaron Palabrava, y que parte de una acción que no es ajena para otro tipo de emprendimientos en actividades diversas, como lo es el asociativismo -una propuesta de colaboración y solidaridad que es sinónimo de desarrollo y progreso-, y a través de ella la idea es buscar la solución no sólo a su problema, sino al que sufren otros escritores. Las tres mujeres mencionadas, asociadas entre sí, se asociaron con el diario El Litoral, de la ciudad de Santa Fe y comenzaron, con buena repercusión una colección que, por el momento,  sale con una obra cada tres meses y que se denomina "Cuatro estaciones de la palabra", se distribuye con el diario, en todo el radio de acción del vespertino de la capital provincial y se vende con el diario a un valor de $ 18,90 el ejemplar. Se publican obras de narradores santafesinos, la primera fue una obra de Alicia Barberis, le siguió otra de Enrique Butti, luego, en primavera saldrá otra de Carlos Roberto Morán y en verano la creación de Sara Zapata. Para el año que viene ya está programada una creación de Patricia Severín, en invierno una de Ángel Balzarino, en primavera Alfredo Di Bernardo y en verano Graciela Prieto. La propuesta contempla también el trabajo con artistas plásticos santafesinos, imprentas y diseñadores de nuestro territorio. Este año han trabajado sobre cuadros de Andrés Dorigo -quien gentilmente puso a disposición su obra-, el diseñador es su hijo, Alvaro Dorigo junto a su socia Noelia Mellit. El año próximo se trabajará con artistas plásticos de Avellaneda y Reconquista, y se aspira a hacer lo propio con artistas rafaelinos.







Ediciones Al Margen, La Plata, 162 páginas, 2011.



Noticia publicada por el diario La Opinión, de Rafaela, el 20 de agosto de 2011:


“Trato de ponerme en la piel de los personajes”



Anoche en la Biblioteca SarmientoAngel Balzarino presentó su nuevo libro de cuentos “La sangre para ellos son medallas”. Las profesoras Liana Friedrich y Miriam Demarchi dialogaron con el autor. Raúl Ordenavía destacó su obra y el “Legado trío” acompañó con música.



              





Miriam Demarchi, Ángel Balzarino y Liana Friedrich

En tiempos en los que mucho se habla y poco se dice, en los que la palabra se vacía de contenido y lo que es peor, se vacía de sentimiento, la presentación del nuevo libro de Angel Balzarino es motivo de celebración. Anoche en la Biblioteca Sarmiento del Centro Empleados de Comercio, el escritor presentó su décimo libro de cuentos: “La sangre para ellos son medallas”. 
El encuentro comenzó con la lectura de un fragmento de uno de los cuentos y el diálogo entre las profesoras Liana Friedrich y Miriam Demarchi y el autor. Cuándo empezó a escribir y cuándo a publicar, cómo nace un cuento, qué géneros prefiere, cómo influye Internet en la difusión de sus textos por el mundo fueron algunas de las preguntas que las mujeres utilizaron para ir presentando a Balzarino.
Raúl Ordenavía, director de Ediciones Al Margen, destacó luego la obra del autor y habló sobre la decisión de haber vuelto a elegir los textos, por considerarlo no sólo un gran escritor, sino ante todo una gran persona. 
El acto, organizado por Escritores Rafaelinos Agrupados (ERA) y Ediciones Al Margen, se llevó a cabo en el lugar acertado, ¿acaso no es la biblioteca ese universo donde se hospedan todos los mundos imaginables? El mismo Balzarino reconoce, cuando las profesoras de literatura que lo acompañaban le piden “enseñanzas” para los alumnos que “aprendí a escribir en esta biblioteca y en la librería «El Saber» del amigo Vicente Dómina; esas eran las dos casas que yo más frecuentaba cuando llegué a Rafaela”.

M
AS QUE CINCO MIL
Balzarino reconoce que “prácticamente todos los cuentos están tomados de algún fragmento de la realidad”. El título del libro presentado anoche, que es el título de uno de los cuentos que lo integran, es un verso del poema “Somos cinco mil” del cantor chileno Víctor Jara. 
En diálogo con LA OPINIÓN el escritor explicaba que antes de escribirlo había investigado sobre la vida de Jara, no sólo sus días antes de morir. Y el cuento intenta relatar los últimos días del compositor muerto por el Ejército de su país, apropiándose del lenguaje de la literatura, que es el lenguaje de las supuestas mentiras ancladas a la realidad.
¿Quizás
por esa referencia, sucede que la ficción duele o incomoda tanto a los mortales? A Víctor Jara los que festejan la sangre le habrían cortado su lengua y lastimado sus manos antes de hacerlo desaparecer. Pero su voz se oirá siempre, mientras otros hombres, como Balzarino, comprendan y hablen su mismo idioma.
Como sucede en casi todos sus textos, el escritor indaga las psicologías individuales de los personajes, tratando de ponerse “en el cuerpo humano de los personajes, en el sentimiento humano de la gente”. “Intento revivir lo que ellos sintieron”, asiente Balzarino que también escribió sobre Dorrego, Lavalle, los primeros habitantes de la colonia de Rafaela, entre otros.
Al recuperar la voz de los personajes intenta comprenderlas, las hace dialogar con otras voces y así va creando historias, generalmente buscando desvelar formas de violencia imbricadas en las relaciones humanas. 

RECONOCIMIENTO
Los textos de Balzarino son leídos y también analizados en universidades de todo el mundo… “A menudo es difícil dimensionar el talento de algunos escritores locales. A veces se los mira con ingenuidad y se los juzga mal sólo por tenerlos como vecinos: pues bien, hay que tener la capacidad de romper con ese chato paradigma”, escribió Alejandro Menardi en "Rastros", suplemento de arte de LA OPINIÓN. 
Entre las obras de Balzarino (que lleva publicado diez libros de cuentos y tres novelas) se pueden citar:  El hombre que tenía miedo" (1974), Albertina lo llama, señor Proust  (1979), La visita del general (1981), Cenizas del roble (1985), Las otras manos (1987), Horizontes en el viento (1989), La casa y el exilio (1994), Hombres y hazañas (1996), Territorio de sombras y esplendor (1997), Mariel entre nosotros (1998), Antes del primer grito (2003) y El hombre acechado (2009).

En la contratapa del libro figura el siguiente texto de la Prof. Liana Friedrich:


            El verso que denomina este volumen corresponde al poema escrito en cautiverio por el chileno Víctor Jara, el cual reitera el título del último de los cuentos que cierra una saga, y que desde su esencia misma anticipa la temática central, recurrente preocupación del escritor: la violencia y sus múltiples facetas, capaces de enajenar al hombre de nuestro tiempo, pero a la vez de liberar las pasiones que constantemente se hallan en pugna con la ética, plasmada literariamente a través de una estética que recurre a la aventura del lenguaje -muchas veces polifónico- para tratar de reflejar la naturaleza contradictoria del ser, sumergido permanentemente en la pesadilla de la revolución, la fuerza brutal de la represión, la guerra fratricida e inútil y hasta el sexo como posesión opresiva e irracional. Es por ello que sus protagonistas,  por lo general e inevitablemente, deban sucumbir, como mecanismo de defensa. De ahí que la violencia se convierta desde la experiencia literaria, propuesta por el consagrado escritor Ángel Balzarino, en un gran acto catártico que se posiciona entre las dimensiones de lo histórico y lo mítico.


Blog de Carlos Roberto Morán: 


Aquí se encuentra:

El comentario: "La sangre para ellos son medallas", de Ángel Balzarino y entrevista al autor


Testimonios fotográficos del acto de presentación de La sangre para ellos son medallas:


Tapa del libro
Vista del público
Ángel Balzarino y Raúl Ordenavía, director de Ediciones Al Margen

Vista del público
Miriam Demarchi, Ángel Balzarino y Liana Friedrich


Raúl Ordenavía, Miriam Demarchi, Ángel Balzarino y Liana Friedrich







Miguel Buffelli, Federico y Jorge Domenella,
integrantes del Legado Trío

Diario EL LITORAL de Santa Fe 
Artes y LetrasEdición del Sábado 24 de diciembre de 2011
Cuentos de furia y dolor
“La sangre para ellos son medallas”, de Ángel Balzarino (*). Ediciones Al Margen, 2011.

Por Patricia Severín

Este nuevo libro de cuentos del rafaelino, Ángel Balzarino, nos coloca ante quince historias que ratifican su maestría como narrador. Los relatos van fluyendo y de pronto lo que veíamos desde afuera ahora lo vemos desde adentro, luego desde otro personaje, más adelante en distinta angulación. La polifonía da agilidad y contrapunto, y los cortes temporales entre el pasado y el presente, una fluidez que corre serpenteante hasta el desenlace. Este andamiaje es presentado en la mayoría de los textos y es un fuerte rasgo de estilo de sus narraciones.
En dos ejes fundamentales se apoya la escritura de estos cuentos: en lo formal, el recurso de introducir directamente la primera persona cuando se viene utilizando la tercera; en las narraciones, los finales rotundos, sorpresivos. Estas historias en su mayoría violentas- tienen como remate un golpe de gracia que afecta de muchas maneras a los personajes, y por proyección al lector. Los personajes se transforman a veces-, repentinamente, ante la irrupción de acciones imprevistas, impensadas, que dan un giro profundo sobre lo narrado.
Seres descontrolados por sus pasiones: ira, codicia, celos. Que no reparan en mentir, blasfemar o utilizar al prójimo sea éste su hijo, su abuelo o su padre-, para alcanzar el objetivo que llevan in mente. La lujuria, las ansias de poder, la irracionalidad, el despotismo, son parte de la conformación de estos personajes que descargan su violencia, su furia iracunda, sobre sus hermanos y hermanas consanguíneos o de la vida. Ellos plasman vívidamente una sociedad cruel, a veces vandálica, en donde los actos de piedad son escasos o mínimos. Pareciera que todo lo arrasa y justifica la consumación del propio deseo. Esa sombra que se desliza de distintas formas-, en cada uno de los quince cuentos que contiene el volumen, y que a veces se expresa en un espeso humor que se despega por debajo de los mismos. Personajes en los cuales anida la amargura como el más efectivo veneno. Criados que se venden por un precario bienestar futuro (“La voz inoportuna”), deslealtades y trampas entre amigos y amigas (“Betty”), celos enceguecidos (“La mujer sentada junto a mi esposo”), un ex soldado de Malvinas obnubilado por sus fracasos y la trampa en que lo sumerge su hermana (“Con las manos atadas”), la mendicidad sin límites (“Una moneda, por favor”), la desconfianza y el voyeurismo (“El amargo sabor de la frustración”), un viaje hacia la vergüenza (“Catarsis”), el pasado que retorna y la venganza (“Veinticuatro años después”), vejámenes infrahumanos (“Una palabra, nada más”), son algunos de los temas de estas historias.
El cuento que cierra el volumen, “La sangre para ellos son medallas”, refiere a las últimas horas de Víctor Jara antes de ser asesinado en el Estadio Nacional de Chile, el 15 de septiembre de 1973. Uno de los versos del poema que escribiera, antes de perder la vida, es rescatado por Balzarino para titular el volumen.
Quizá sea justamente esa sangre, esa gota espesa que baja cortando la tapa del libro, la que enhebra el dolor, el sinsabor de todos estos personajes que nadan en su propio mar de desencanto, y a los cuales Balzarino mueve con maestría en la soledad de sus propias trampas.
La lectura de este libro puede ser una interesante manera de repensar nuestros vínculos y relaciones, y quizá también una forma de observar la manera en que nos paramos frente al mundo. Balzarino despliega un universo fracturado y ante él, sólo podemos cuestionarnos qué hemos dejado de hacer, qué dejamos pasar, qué mano no hemos sostenido, en qué contribuimos quizá sin quererlo-, para que esa negrura prospere y se reproduzca.

(*) Angel Balzarino, reside en Rafaela, Santa Fe. Tanto su prolífica producción, como sus premios, consagran una vida dedicada a la literatura. Podemos mencionar entre muchos otros-, “El hombre que tenía miedo” (1974), “Albertina lo llama, señor Proust” (1979), “La visita del general” (1981), “Horizontes en el viento” (1989), “La casa y el exilio” (1994), “Mariel entre nosotros” (1998), “El hombre acechado” (2009). Su blog: http://angelbalzarinoblogspotcom.blogspot.com.




Diario La Opinión de Rafaela

03/01/2012 - SUPLEMENTO LA PALABRA
EL INVITADO
La sangre para ellos son medallas (Apuntes en torno a una obra provocativa)
Por Osvaldo Raúl Valli - escritor (Santa Fe)

Lejos de una estética complaciente o de aquellas expresiones literarias que de una manera u otra se ajustan a reglas no siempre claras de mercado o a erráticos “gustos de época”, la escritura de Ángel Balzarino constituye en sí misma un desafío para cualquier lector, aun el más entrenado en el ejercicio de captar enigmas, desentrañar situaciones o bucear en la interioridad de los protagonistas. Una recorrida atenta por algunas de sus obras (desde El hombre que tenía miedo a Albertina lo llama, señor Proust, desde Hombres y hazañas a Cenizas del Roble, desde Antes del primer grito a La sangre para ellos son medallas) permite advertir señales propias, rasgos particulares, guiños de complicidad que inevitablemente remiten a un estilo, a un modo especial de proyectar imaginarios, y configurar atmósferas. Hablan igualmente de innegable aptitud para enlazar lo lúdico con lo trágico, lo inofensivo con lo terrible, la preferencia por problemáticas individuales con visión comprometida y hasta testimonial, de la realidad social.
La sangre para ellos son medallas -obra publicada este año- si bien establece cierta continuidad respecto a aquellas líneas fuertes, pone de manifiesto la incorporación de algunos tópicos sustanciales vinculados al devenir sociopolítico actual o a hechos ubicados en la tenebrosa etapa del terrorismo de Estado. Con singular maestría Balzarino va más allá, en la mayoría de los casos, de la mera instancia anecdótica al acceder a dimensiones profundas donde se juegan aspectos fundamentales que hacen a la ubicación de los seres respecto a sí mismos y al mundo en que están insertos. Dicho en otras palabras, lecturas probables a través de las cuales determinadas vicisitudes “cotidianas” requieren ser interpretadas, a otro nivel, como hechos trascendentes que rozan los propios límites de las posibilidades humanas. “Una palabra, nada más” constituye, desde esta perspectiva, un claro ejemplo de cómo un hecho concreto (el suplicio de una familia a raíz de un operativo policial injustificado) puede ser interpretado simbólicamente a través de uno de los mitemas más conocidos. En este caso el descenso al mundo de las tinieblas “signado no solo por la pérdida de sentido del tiempo sino por su carga de “terror, desamparo” y degradación. Lejos entonces, del sentido recuperador que los descensos míticos poseen en la vida de los seres “elegidos”, la “pesadilla tortuosa casi interminable” vivida esa noche por los Quiroga tuvo para el padre una connotación especial. La falta de una palabra, una sola palabra reparadora que mitigue y dé sentido a sus padecimientos, lo enfrentó a la certeza de haber cruzado un límite. La “definitiva derrota” estaba a la vista, y lo que es peor, sin posibilidades de regreso.
Hay otros cuentos -“Los juegos para Ana” o “Una culpa latente”- que si bien podrían suscitar lecturas arquetípicas análogas a la esbozada anteriormente, la propia matriz conceptual con que fueron engendrados (dimensión de lo absurdo mezclada con un “realismo patológico”; atisbos del grotesco con facetas de lo trágico), posibilita una extraña relación con las vicisitudes de los personajes. Sobre todo, la última de las piezas nombradas, cabal demostración de la capacidad de Balzarino de generar situaciones en las que se entrelazan facetas ponderables y al mismo tiempo, aberrantes de la naturaleza humana. En este caso una historia en cierto modo lineal (si es que se puede hablar de linealidad en este autor) focalizada en la protagonista, una mujer que narra minuciosamente y sin inhibiciones cómo fue tramando un prolijo plan destructivo que la habría de llevar, a un estado de inefable gozo interior no exento, paradójicamente, de una rara euforia culposa.
Precisamente en estas contradicciones estarían las claves para entender una narrativa compleja y en gran medida cuestionadora que privilegia los interrogantes sobre las certezas, los flancos débiles y hendiduras por sobre la contundencia de un posible mensaje aleccionador. Bases necesarias aunque no excluyentes, para acceder sin prejuicios a un orbe narrativo demandante de lectores cómplices, participativos, capaces no solo de desentrañar señuelos que de tanto en tanto va dejando el autor, sino de asumir a fondo que en cada uno de los cuentos está latente la posibilidad de encuentro o desencuentro, de amor o de odio que subyace en esa obra de experiencia y de riesgo que asume la criatura humana cuando se dispone a asumir el no siempre fácil oficio de vivir.
O de morir como ocurre con “La sangre para ellos son medallas”, el cuento elegido por Balzarino para “cerrar” el libro. Diferente en lo que hace al trabajado de la estructura cuentística y al mismo tiempo portador de motivos básicos que atraviesan piezas narrativas. Ente ellos la violencia, constante semántica en el transcurso de la obra, que aquí estalla en una onda expansiva de alto voltaje social, político y sobre todo ético: Víctor Jara preso, atormentado por la tortura y a punto de ser ejecutado, desespera por borronear “el único y último signo que podría presentar en la batalla que (…) iba a perder definitivamente”. De nuevo sorprende el narrador con esta reelaboración estética de un “relato” enquistado en la memoria colectiva chilena. La pasión y muerte de alguien que hasta sus últimos momentos luchó a brazo partido contra el olvido, a través de versos borroneados en “un mísero papel”.
Visto desde esta perspectiva adquiere sentido pleno este último libro de Balzarino, el “experto tejedor de sutiles tramas artesanales” -como alguna vez lo nombró Lermo Balbi-. Sutiles tramas que no solo se “tejen” en base a dominio de la intriga, dosificación de tiempos discursivos o manejo de las inevitables tensiones narrativas. También exigen, vale la pena repetirlo, miradas de mundo, posiciones ante complejidades de la historia, fina sensibilidad para comprender (y fantasear sobre ello) las grandezas y relatividades de la condición humana.
En concordancia con lo manifestado, no ha de resultar fácil, aun para el receptor más "distante", permanecer impasible luego de la lectura de esta obra.                                         


Diario La Opinión de Rafaela

06/02/2012 - SUPLEMENTO LA PALABRA
EL INVITADO
La sangre para ellos son medallas
Por Liana Friedrich - escritora

El último volumen de cuentos de Ángel Balzarino
¿Literatura de compromiso, contestataria o histórico-testimonial?

El epígrafe que abre esta nueva colección de cuentos -y que da título al volumen- pertenece al último poema testimonial que el cantautor chileno Víctor Jara, amigo de Violeta Parra y referente internacional de la canción reivindicativa, escribiera, hallándose prisionero junto a otros militantes del partido comunista en el Estadio de Chile (sitio que en su memoria hoy lleva su nombre), y donde fuera cruelmente torturado y asesinado. Estos versos constituyen una “profecía cumplida” de lo que él mismo expresara en el manifiesto: …“del que morirá cantando las verdades verdaderas”, hilo conductor en las ficciones de Balzarino como eco de un…“canto que ha sido valiente/ (que) siempre será canción nueva”.
Ya en el primer cuento, “La mujer sentada junto a mi esposo”, aparece el tema de la venganza como actitud reactiva ante la traición y la infidelidad. Para pintar las pasiones humanas (celos, odio, despecho, en este caso), como en otras composiciones, A.B. recurre al punto de vista móvil, que desde la primera persona estereoscópica focaliza los distintos personajes, en pugna por capitalizar el protagonismo de la acción. Por eso las estrategias discursivas habituales en su corpus narrativo son el estilo indirecto libre y el discurrir de la conciencia, en esta “fábula del cazador cazado”, donde el absurdo y trágico final logra sorprender al lector. En el “Servicio cumplido”, apela a otra técnica que también es común en Balzarino: el cambio de tipografía para destacar la movilidad del “yo narrativo”, que se anuda también alrededor de una trama secundaria, en las relaciones disruptivas de la pareja (donde la violencia se ve acrecentada por el flagelo del alcoholismo). “Betty” reitera sistemáticamente -como en un leitmotiv- el tema de los vínculos conflictivos centrados en la pareja, ante la irrupción de una tercera persona en discordia, que transforma los parámetros sexuales de la relación.
 
En cambio, “La voz inoportuna” traslada la violencia a un ámbito más amplio: la sociedad en el marco de un contexto político que se vale de los recursos más viles, a fin de acallar las voces de la oposición y de la libertad de expresión, cuyo relato culmina con el sorpresivo desenlace que siempre caracteriza la narrativa de Angel Balzarino, apelando, en este caso, al estilo directo que agiliza el avance de los hechos. Indudablemente, los desgraciados sucesos acaecidos en la guerra de Malvinas han dejado una huella imborrable en el corpus narrativo de muchos escritores de nuestro tiempo, tema que irrumpe recurrentemente también en la cuentística de A. Balzarino: “Con las manos atadas”, descubre las consecuencias que la violencia desatada en el contexto bélico -falsa y fatalmente esgrimido como bandera de soberanía- ocasionaran en la psiquis de quienes fueran partícipes; aquí el punto de vista oscila entre la tercera persona testimonial omnisciente y la primera del narrador subjetivo, a efectos de caracterizar -por dentro y por fuera- los rasgos propios de una mente desequilibrada, y también para reflejar las relaciones conflictivas que se viven en el seno de una familia liderada por un padre autoritario más la presencia sobre-protectora (con ribetes edípicos) de la hermana del protagonista, todo esto para demostrar cómo la violencia solo puede engendrar actitudes reactivas y antisociales: temor, depresión, desorientación, cercanas al polo de la disociación, las que conducen irremediablemente a un trágico final. La técnica multifocal se halla fuertemente indiciada por los subtítulos que revelan el nombre de cada personaje-voz narradora dentro del relato, mientras que la tipografía cursiva obra como disparador del pasado que despierta sensaciones vividas en las islas australes.
“Una pequeña y diaria cuota de venganza”, muestra la violencia que deviene del abuso sexual y la sed de venganza, un tipo de relación vincular negativa que proviene del avasallamiento de los derechos y libertades esenciales para el ser humano: es un ejemplo de un encuentro vivido de manera restrictivo-agresiva, con facetas de dolor, escarnio, daño moral y psíquico. Indudablemente la narrativa de A. B. se emparienta con la “novela psicológica” al mejor estilo “dostoievskiano”, donde la constante movilidad del punto de vista es el recurso predilecto dentro del decurso literario. En “Una moneda, por favor”, la violencia familiar es el enclave vincular, flagelo social que surge a consecuencia de la crisis económica y que deriva en depresión, alcoholismo, hambre y mendicidad, donde la primera persona narradora seguramente evocará en el lector algún acontecimiento de la vida cotidiana rafaelina…
 
Como en otras entregas, A. Balzarino presenta en “El amargo sabor de la frustración”, una fina ironía que tiñe la narración de un tono tragicómico. Como ya es frecuente, en “Catarsis” denota su consumada destreza para describir sensaciones, sentimientos y emociones, las que como fantasmas acosan a los seres de papel; en este caso, también el morbo sexual solo conduce a la degradación y la vergüenza, además de producir desconcierto con la irrupción de un elemento inédito en el desenlace no falto de un humor trágico; el intertexto también revela conexiones con otro medio de comunicación: la cinematografía (estrategia ésta muy frecuente en la cuentística actual).
 
“24 años después” presenta otro motivo recurrente dentro del corpus literario de la narrativa argentina contemporánea: la llamada “guerra sucia”, acaecida durante el gobierno de facto; es la violencia de estado generada durante las décadas del 70-80, que desembocara en muerte, represión y desapariciones, además de la pérdida de identidad, con lo cual el tema iterativo de la violencia es desviado aquí hacia objetivos civiles, con el consecuente aplastamiento de los derechos, que desemboca en el genocidio. Tal es su vigencia social e histórica, que en todos los ámbitos aún resuenan los ecos de venganza y el anhelo de recomposición de las libertades avasalladas. Es el antagonista entonces quien, al perpetuar su rol de torturador en las relaciones de tipo sadomasoquistas, debe soportar doblemente las consecuencias vindicativas. Los avances y retrocesos temporales, así como el punto de vista cambiante, se hallan indiciados con la tipografía.
Como reza el epígrafe de “Una palabra, nada más”, una nota periodística es la fuente de inspiración, la cual alude a los vejámenes con que la brutalidad policíaca somete a los cautivos. Bien podría servir este cuento como síntesis estilística, ya que permite ejemplificar todas las estrategias textuales que suele emplear Balzarino: estilo directo, indirecto, indirecto libre, a fin de dar cuenta del fluir de la consciencia, o de internarse en los complejos laberintos de la psiquis de sus agonistas…
 
Dentro de la trama narrativa intertextual del corpus balzarineano reaparece un lugar (casi mítico o legendario) para centrar la acción en “Fin de la representación”: “La Florida”, nombre que Angel Balzarino le atribuyera a nuestra ciudad en sus ficciones. Allí, la protagonista femenina logra saciar apenas su sed de venganza por la conducta licenciosa del marido, para gozar de una “ínfima revancha”. En cambio, en “Una culpa latente”, la venganza aparece como una especie de “catarsis”, un modo de “aplacar un largo período de frustración y desasosiego”, urdiendo en este caso la protagonista un plan que implicaría doblemente a quienes considerara obstáculos en su camino hacia la felicidad tan anhelada. En “Los juegos para Ana”, es la propia psiquis del personaje la que le juega una mala pasada: los intrincados procesos de la conciencia se encargarán de ejercer una acción reactivo-agresiva sobre su organismo para hacerle padecer hasta lo insufrible.
 
Cierra el conjunto “La sangre para ellos son medallas”, cuento que le da título al volumen, de carácter histórico-testimonial, el cual centra (también valiéndose de las estrategias narrativas antes mencionadas) la dimensión espacio-temporal en la década del 70 y en el vecino país chileno, para dar cuenta de la trágica muerte de Víctor Jara, mártir del terrorismo de estado, así como de las circunstancias en que produjera su última canción de protesta, en el mismo Estadio Nacional donde fuera brutalmente ejecutado. En formato de cita al pie, Balzarino transcribe los demás versos del poema: (que bien podrían confesar su intención de denunciar tanta injusticia, ante tanta violencia irracionalmente desatada): “¡Cuánta humanidad / con hambre / frío, pánico, dolor, / presión moral, terror y locura!”.